viernes, 24 de marzo de 2017

IV ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE, MARÍA

Entre todas las personas que Jesús se encuentra recorriendo su camino hacia el Calvario hay una mirada única, diferente, llena de significado y ternura. Es la mirada de María, su madre.
Ella es la persona gracias a la cual el Hijo está en este mundo, ella le guio y le acompañó en cada paso temprano de su vida.
María, como muchas otras madres en la historia también es mártir, pues ella siente en carne propia lo que le va pasando a su hijo. Ella comenzó a vislumbrar la diferencia, la no adaptación a lo establecido, la dificultad para encontrar un lugar digno para su Hijo en este mundo desde que “el niño se perdió en el templo”.
Hoy María lo mira con el corazón partido, se han cumplido sus peores temores, y sin duda, está aguantando las lágrimas. Lágrimas que no se permite derramar para infundir a su hijo valor, palabras llenas de rabia y de odio que no se permite pronunciar para apaciguar el corazón del hijo. Más tarde, a solas, llorará y rabiará.

Hoy en día encontramos también a muchas de estas Marías; en Turquía o en Afganistán, contemplando cómo sus hijas son sometidas a leyes injustas que las anulan y ante las cuales no pueden sino doblegarse, pues entre los muchos castigos impuestos se encuentra hasta la lapidación pública.
Madres que ven a sus hijos partir en pos de otras fronteras, pues la alternativa es morir de hambre o violencia. Ellas saben lo que a los hijos les espera; vallas fortificadas, mares en barcos endebles y sobrecargados, las mafias y las mordidas...
Madres de niños y niñas raptados, quién sabe si destinados a ser soldados en la selva, piezas reemplazables en la guerra, quién sabe si violadas por los mandos superiores e intermedios.
Madres de niños y jóvenes enfermos dependientes sin recibir prestaciones para atenderlos dignamente, viendo cómo la existencia de estos niños se complica, cómo nadie atiende sus peticiones, sus gritos de sufrimiento.

Reconozcamos el valor de todas esas madres acompañando el dolor de los suyos, sintiéndolo como un dolor más grande que el propio. Madres cuya desesperación y lucha es contra el sistema. Marías intentando encajar los golpes de un mundo indiferente y desigual.

Inma Blanch, CVX Ignacio Ellacuría - Valencia

jueves, 23 de marzo de 2017

III ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

No parece suficiente conocer la condena a muerte o cargar con la propia cruz; ahora Jesús cae por primera vez, ¿puede haber más dolor?
Jesús no se hace el escurridizo, no se planta y deja la cruz a otros, se queja hasta donde el dolor le permite y cae, cae al suelo con todo el peso de su cuerpo más el de una cruz que le aprisiona, también caen sus sueños, sus esperanzas y anhelos ante la intemperie más absoluta.
Caerse ante una multitud que señala con el dedo al que dice ser el “Hijo de Dios”, rendirse al menosprecio de los que miran, entregarse a la humillación en su mayor grado, reconocer los propios límites físicos, de angustia ¿qué será lo próximo?
Tu mirada dolorosa y ensangrentada se levanta con la cruz hacia el monte Calvario que acoges bien fuerte, sabiendo que no estás solo, que el amor, heredado del Dios de la vida, tiene la última palabra ante una infinidad de preguntas que surgen desde lo más profundo para volver a caminar.
Caerse no es el final, es acoger toda la debilidad humana y entregarla al Dios Padre que es amor para que me sostenga en el vacío más profundo, para que el dolor no me rompa en dos, para que solamente desde el amor pueda hacer rodar esa película de mi vida con el deseo de bucear entre aquellos momentos de mayor consolación y pedir fuerzas, traer a la memoria personas que me han demostrado su valentía y ganas de seguir adelante, para confiar solamente en Ti pues “hasta los cabellos de mi cabeza están contados”.
José Alcalá, CVX en Albacete

miércoles, 22 de marzo de 2017

II ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Jesús, cuando llegó su hora, no retrocedió ante la cruz, cargó con ella y la convirtió en señal de esperanza y de salvación.
Sin embargo, a nosotros nos cuesta cargar con nuestras cruces y aceptarlas. En los momentos de dolor o sufrimiento, fácilmente nos sentimos perdidos y nos solemos alejar de Ti. Nos revelamos ante nuestras limitaciones y preferiríamos que no existieran, que las cosas fueran sencillas. Además, no nos gusta meternos en complicaciones, es mejor pasar desapercibidos, ya tenemos bastante con lo nuestro.
Al revés que nosotros, Tú viniste al mundo y te hiciste hombre para pasar por donde nosotros no queremos pasar: por la angustia, por el sufrimiento, por la misma muerte. Cargas sobre tus hombros nuestros problemas y nos enseñas a no vivir en la desesperanza. Con Tu ayuda, podemos intentar mirar con otros ojos los momentos difíciles y sentir que cargar con la cruz es abrazar la vida. La cruz, entonces, se hará más ligera.
Toñi Zapata y Pepe Abad, CVX en Zaragoza

Oración: “Cómo cargar con la cruz” (fragmentos)
¿Cómo encarnar,
sin sucumbir al miedo,
verbos difíciles
que hablan de renuncia,
de sacrificio,
de entrega?
¿Cómo cargar con la cruz
ingrata, austera, desnuda
que a veces te sepulta
bajo su peso insoportable?
Pero Tú vuelves fecundo
el suelo antes estéril.
Contigo y a tu manera,
echan raíz
las historias enterradas,
y brota un árbol frondoso,
cuyos frutos saciarán mil hambres.
José Mª Rodríguez Olaizola sj

martes, 21 de marzo de 2017

I ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Te condeno a no compartir mi tiempo, a no mirarte, a no reír contigo, a no escucharte, a no darte mi mano… porque eres distinto a mí, hablas de forma diferente, crees en cosas que yo no entiendo, quieres tener lo que yo tengo. Aunque pases a mi lado no te miro, no te veo, para mí eres invisible, aunque oiga tu voz, no te escucho.
Te condeno, porque quizá si te escucho no puedo seguir viviendo como vivo, quizá sea incómodo tener menos, o incluso otros pueden señalarme, o tal vez hasta se atrevan a condenarme por ponerme a tu lado y hacer de tu causa la mía. Aquí que cada palo aguante su vela. Mala suerte la tuya, yo lo siento... pero demasiado tengo yo con mi vida.
Y así, yo también condeno, también levanto muros, también cierro o tapio puertas y ventanas, que eso también significa condenar. Y eso fue lo que pretendieron con la condena de Jesús, tratar de cerrar definitivamente la puerta al Reino de Dios que él llevaba anunciando durante tres años. Y hoy, y ahora, seguimos condenando, aunque sea sin querer. Seguimos cerrando puertas, impidiendo que otros lleguen a nuestro país buscando un futuro mejor; seguimos cerrando ventanas para no ver que fuera hay gente que no tiene hogar, ni esperanza, ni nada en lo que creer. Cerramos la ventana y corremos las cortinas porque es mejor no ver qué pasa fuera de nuestra cómoda casa, y así, al cerrar, al tapiar, al condenar, evitamos exponernos a que el aire de fuera nos siente mal.
Condenar también es “echar a perder algo”. Con la condena a muerte de Jesús se pretendía acabar para siempre con todos los mensajes “incómodos” que Él anunciaba. Vino a poner el mundo patas arriba diciendo que los últimos ya no serían los últimos, que los pequeños eran más importantes que los poderosos, y con su condena se pretendía poner fin a tanto mensaje inquietante. Era necesario acallar sus palabras incómodas, como también hoy silenciamos mensajes que hablan de alternativas que no incluyen sólo a los de siempre.
Jesús fue condenado a muerte. Jesús también es hoy condenado a muerte.
¡Crucifícalo! La rotundidad de las palabras de entonces suena hoy con la fuerza de quien da un portazo en las narices a quien quiere entrar, y me veo a mi misma levantando muros, con la indiferencia, el olvido, el no querer escuchar o el no implicarme lo suficiente. Y sin querer o queriendo construyo muros, cierro ventanas, impido que circule el aire que todos necesitamos para respirar.
Entonces la mirada de Jesús se cuela por un agujero en tapia levantada. Su mirada nos invita a librarnos del miedo a perder nuestras seguridades, la auténtica invitación a no lavarnos las manos, sino a pringárnoslas con la vida de quienes hoy son condenados. Su mirada nos invita a mirar de otro modo, a escuchar, a acompañar, a derribar los muros y abrir ventanas. La oportunidad es nuestra, solo hay que aprovecharla.
Raquel Gómez, CVX en Salamanca 

lunes, 20 de marzo de 2017

VÍA CRUCIS


El camino hacia la Cruz es el itinerario que como cristianos hemos decidido seguir. No es un camino fácil, porque no siempre somos capaces de reconocer nuestra propia cruz, porque es pesado cargar con ella, porque nos duele mirar las cruces de otros…  Jesús nos marcó una ruta, y cada alto en el camino es una parada necesaria que nos tiene que ayudar a mirar de frente la soledad, la traición, la condena, el dolor, el sufrimiento, la responsabilidad o la ayuda dada y recibida. El camino de la Cruz es un camino que nos habla del encuentro y el consuelo, de la promesa y la entrega. Hacer el Vía Crucis hoy es una posibilidad de encuentro, de vencer la tentación de mirar hacia otro lado, pero también de aceptar y llevar nuestra propia Cruz, incluso la opción de ayudar a otros a cargar con la suya. Reconocer las cruces de nuestro mundo y rezar por y con los crucificados. Ser conscientes de que en nuestro camino también dejamos huellas, pistas que pueden ayudar o despistar a otros.
En estas últimas semanas de Cuaresma queremos invitarte a orar y a hacer juntos el recorrido hacia la Cruz. A ponernos en ruta y acompañar a Jesús en su camino. Cada alto en el camino será un momento privilegiado de encuentro, y para ello nos ayudarán compañeros y compañeras de CVX en España, quienes con su oración compartida de las estaciones del Vía Crucis nos llevarán a vivir y celebrar la pasión, muerte y resurrección del Señor.
Gracias a Raquel, Toñi, Pepe, José, Inma, Aitor, Josu, Amalia, Jesús P., Jesús M., Ana, Alex, Casa Mambré - Sevilla, Ainhoa, Isabel, Sinclair y Mª Noel por sus textos. Gracias a David C. R. por las imágenes, que pertenecen al Antiguo Hospital de Mujeres de Nuestra Señora del Carmen, en Cádiz, hechas en terracota vidriada y pintada, típica de los talleres sevillanos del S. XVIII

sábado, 18 de marzo de 2017

JOSÉ DE NAZARET

 
Hemos escuchado […] que “José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer” (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia […]
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como en los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio […] José es “custodio” porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación […]
Papa Francisco (19 de marzo de 2013, Misa de inauguración de su Ministerio)

lunes, 13 de marzo de 2017

EL DESAFÍO DE LA CUARESMA


Todos los años se presenta ante nosotros la Cuaresma, que a pesar de ser un período que se repite cíclicamente año a año, tiene la capacidad de ofrecer frescura y novedad curso tras curso. Quizás sea porque su sentido profundo es el de ser una oportunidad, un desafío, un reto.
Al igual que sucede en la vida, puede haber diferentes formas de vivir y superar los desafíos. Serán mi momento presente, mi voluntad, mis deseos... las que me ayuden a tomar una u otra actitud. Con la Cuaresma, puedo tomar diferentes actitudes: dejar que suceda sin involucrarme, dejando pasar los días; centrarme en la queja, en lo incómodo, en lo que no "me encaja"; estancarme en esa actitud crítica hacia mí mismo o hacia lo que me incomoda; intentar aprovechar las propuestas que lanza la Cuaresma; vivirlo como un período de gracia...
Proponemos orar con la primera lectura del miércoles de ceniza. Y cómo en ella podemos ir contemplando cómo es Dios, observando los verbos y adjetivos que nos hablan de él y cómo toda la profecía de Joel nos remite al amor y al perdón de Dios. A pesar de la duda, la pequeñez, la necesidad de conversión de sus hijos, su respuesta va siempre unida a la misericordia.
De esta manera, el desafío puede ser ayudarse del ayuno, la limosna, la oración para profundizar en la propuesta de Dios en cuaresma: rasgar el corazón, sacudirle de lo que impide crecer y sentir más cercano ese abrazo misericordioso del Padre. Puedo pensar también en las veces que me he sentido perdonado, que he notado más de cerca esa misericordia de Dios y cómo se ha ensanchado mi corazón.

AHORA —oráculo del Señor—,
convertíos a mí de todo corazón,
con ayunos, llantos y lamentos;
rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos,
y convertíos al Señor vuestro Dios,
un Dios compasivo y misericordioso,
lento a la cólera y rico en amor,
que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá
dejando tras de sí la bendición,
ofrenda y libación
para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sion,
proclamad un ayuno santo,
convocad a la asamblea,
reunid a la gente,
santificad a la comunidad,
llamad a los ancianos;
congregad a los muchachos
y a los niños de pecho;
salga el esposo de la alcoba
y la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar
lloren los sacerdotes,
servidores del Señor,
y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor;
no entregues tu heredad al oprobio
ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes:
«Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió
el celo de Dios por su tierra.

Publicado en el blog "Taller de oración", de CVX en Valladolid

viernes, 10 de marzo de 2017

RETIRO DE CUARESMA CVX EN SALAMANCA


 
El próximo domingo, 12 de marzo, tendremos nuestro retiro de Cuaresma. Se trata de un tiempo sencillo en el que pararnos, ponernos en presencia del Señor y preparar nuestro corazón para la ya cercana Pascua.
Comenzaremos a las 10:00 h. en nuestras salas, con esta estructura del día:
10:00 h. Puntos para la oración
10:30 h. Oración personal
11:30 h. Descanso
12:00 h. Compartir en grupos
13:00 h. Eucaristía
14:00 h. Comida compartida

lunes, 6 de marzo de 2017

PASCUA FAMILIAR SALAMANCA 2017

En ruta es una manera de vivir, desinstalada, en búsqueda, con otros, contemplando lo que nos rodea, sin peso en la mochila. Ponerse en ruta es ser peregrino. Quién está en ruta se siente frágil, pero confiado, todos los rincones del camino se convierten en hogar. Quién está en ruta experimenta con los otros la hospitalidad y se siente generoso de compartir su zurrón y las historias de su viaje. Quién está en ruta descubre compañeros de camino. Quién está en ruta equivoca, pincha la rueda, se queda sin gasolina, endereza el itinerario, tiene un rumbo y a golpes se pierde. Quién está en ruta contempla, examina la jornada y programa la nueva, se detiene a ayudar a la gente del camino, se deja acoger y celebra.
Adentrarnos en esta ruta, en la ruta que nos propone Jesús, requiere la actitud del peregrino contra la actitud del turista. Una ruta no siempre planificada, no superficial, no ir de una experiencia a otra sin arraigar en nada. Sino una ruta donde nos dejamos guiar por otros, donde nos dejamos acoger y acogemos a otros en actitud de servicio.
La Pascua de la Parroquia del Milagro de San José, en Salamanca, es una Pascua dirigida a jóvenes profesionales y familias jóvenes (con o sin hijos) hasta 45 años que desean vivir estos días en clave de comunidad, adentrándose en la fe y experimentando cómo el Señor de la Pasión sale al encuentro de cada uno invitándonos a elegir una vida que lleva a vivir en el camino.
Los que se animen a venir se encontrarán con hermanos y hermanas que desean compartir la experiencia pascual; con momentos de oración y actividades para vivir con profundidad cada uno de los días de la Pasión. Si vienes compartirás, acompañarás, vivirás de cerca la devoción y el recogimiento propio de estos días y, sobre todo, celebrarás la fe con muchos otros.
Si tienes familia esta es también tu Pascua. Mientras tú rezas, compartes, celebras… los más pequeños podrán vivir y celebrar la Pascua junto a otros niños, con actividades propias de su edad.
Si quieres hacerte una idea de lo que vivirás, puedes ver el vídeo de la Pascua del año pasado a través de este enlace.
 
 
Lugar de celebración: Salamanca, Centro de Espiritualidad Jesuitas
Fechas: del miércoles 12 al domingo 16 de abril de 2017
Edad: hasta 45 años
Precio: 80 € (niños 40 €)
PLAZAS LIMITADAS
 

jueves, 2 de marzo de 2017

miércoles, 1 de marzo de 2017

MIÉRCOLES DE CENIZA

 
Vestirse de sayal y cubrirse de ceniza. Como quien se quita el maquillaje frente a un espejo, para encontrarse con la piel desnuda. Como quien se va despojando de capas o ropas y va quedando desprotegido. En este tiempo de ceniza insistimos en poder ver nuestra verdad sin adornos. No se trata de mortificarme, o de decir: “no valgo nada”. Eso sería ridículo, y falso. Es intentar verlo todo, lo bueno y lo malo. Mirarme, y saber quién soy. Aceptar la limitación, reconocer el talento y el error. Descubrir las grietas, para ver si hay que hacer algo con ellas. Confiar en ese Dios que me conoce mejor que yo mismo. Y poder compartir este ser mío con otros.
Fuente: Pastoralsj