martes, 25 de abril de 2017

PASCUA SALAMANCA 2017


Ponerse en ruta es salir de nuestro propio querer e interés, es dejar nuestra zona de confort y salir al encuentro del otro y del Señor.
Del 12 al 16 de abril se celebró en Salamanca la Pascua, en la que se reunieron más de 100 personas entre niños, jóvenes profesionales y familias jóvenes que tuvieron la oportunidad de vivir y celebrar juntos la Pasión, muerte y Resurrección del Señor.
Esta experiencia, ofrecida por la Compañía de Jesús, las Hijas de Jesús y CVX ha sido un tiempo de encuentro, de sanación, de dejarnos tocar por la Vida que, como la primavera, brota en cada esquina del Camino.
Encuentro entre CVX y los que no lo son; entre hombres y mujeres de casi toda España, muchos hasta entonces desconocidos pero que han podido crear una verdadera comunidad en ruta; encuentro entre miembros de la familia ignaciana que desde un sentir común son capaces de construir un proyecto ilusionante; pero sobre todo con el Señor muerto y resucitado que sale a nuestro encuentro y toca nuestro corazón. Y de esa forma nos sana, nos reconcilia y nos envía al Mundo para dar fruto, y fruto en abundancia.
Ahora ya estamos en nuestra Galilea particular, pero hemos vuelto transformados, con el corazón lleno de nombres y con la confianza de que la alegría de la Resurrección, la verdadera alegría, nos hará permanecer en ruta.
Y desde Galilea, es tiempo de agradecer. En primer lugar al Señor, que ha estado grande con nosotros, pero también a todos los que desde Sevilla, Córdoba, Cabra, Albacete, Barcelona, Bilbao, Donostia, Valladolid, Béjar, Madrid y Salamanca han participado. Gracias al equipo de preparación; a José Yruela sj por los puntos para la oración de cada mañana, a los monitores de la Pascua Infantil, a la Parroquia de El Milagro de San José y a la comunidad de servicio, integrada por miembros de la CVX en Salamanca, por enseñarnos, con su alegría y disponibilidad, a hacer realidad el en todo amar y servir.
¡Nos seguimos encontrando en el Camino!
 
 
 
 

 

sábado, 15 de abril de 2017

SÁBADO SANTO

Imagen de la Piedad, de Luis Salvador Carmona, que procesiona en Salamanca en la madrugada del Viernes Santo
Conocía la noche de la fe, pero nunca creí que fuera tan profunda. Ni una sola ventana con luz, sólo creer, esperar, cerrar los ojos, entrar en la cuesta arriba. Sí, ayer cuando la losa cayó tras de su cuerpo, nada de ángeles, nada de voces del Padre. Sólo la noche y el sonar de los latigazos en los oídos, y las carcajadas, y las blasfemias y las risas, el golpe final de la piedra, cerrándose.
¡Qué lejos ahora lo de Belén y aun las pequeñas angustias de Nazaret cuando él se alejaba! Entonces ¿es esto ser una madre? En la noche no hay nada. Sólo la noche. Y la certeza de que el sol está al fondo y volverá mañana.
Pero, ¿por qué se ha de salvar siempre con sangre? ¿Es que son tan hondos los pecados del hombre que sólo pueden borrarse con manos y frente desgarradas? No, no le hubierais reconocido ayer si le hubieseis visto subir por la pendiente. Las madres sí; olemos a los hijos desde miles de kilómetros, porque no es verdad que salgan nunca de nosotros. Están fuera, caminan, lloran, triunfan, viven, pero no es verdad; siguen estando dentro. Ayer el calvario estaba más en mi seno que en Jerusalén, clavaban dentro, mar­tilleaban dentro.
Por eso no hubo nadie junto a él. Juan, Magda­lena... todos estaban sin estar. Y hasta el Padre se fue y nos dejó solos.
Pero hubo algo más horrible todavía, algo que no he logrado entender, que acepto a ciegas, sólo porque él lo hizo: ¿Por qué no me miró?, ¿por qué en los últimos minutos no se volvió hacia mí? Estábamos unidos, sí, pero los dos entramos solitarios en la muer­te. Creédmelo: esperé hasta el último minuto su mi­rada. Y no me la dio. Vi doblarse su cabeza y supe que pensaba en quienes le habían abandonado: el Pa­dre y los hombres. Fue entonces, y no cuando los martillazos, cuando yo di mi vida.
Después de muerto volvió a pertenecerme. Qui­tando sangre, espinas, barro, fui reconquistando su cuerpo, y, si cerraba los ojos, podía pensar que le estaba lavando otra vez como cuando era niño. Le hablé como entre sueños. Y me pareció como si me entendiera.
Ahora ha vuelto la calma. La calma nocturna, pero calma al cabo. Ya sólo queda esperar y ver la puerta que se abre y sus ojos que brillan. Me gustaría que viniera con las heridas. Serían un buen recuerdo de este segundo parto en que le he dado a luz mucho más que la primera vez.

José Luis Martín Descalzo
“Apócrifo de María

viernes, 14 de abril de 2017

VIERNES SANTO

Imagen Cristo de los Cálices, de Juan Martínez Montañés. Catedral de Sevilla

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

miércoles, 12 de abril de 2017

MIÉRCOLES SANTO

Imagen del Cristo de la Agonía Redentora, que procesiona en Salamanca en la madrugada del Miércoles al Jueves Santo

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti. 
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 11 de abril de 2017

MARTES SANTO

Imágenes del Cristo de la Luz y Nuestra Señora Madre de la Sabiduría, que procesionan en Salamanca la noche del Martes Santo

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor,
sé valiente, ten ánimo,
espera en el Señor. 

Sal 26, 1. 2. 3. 13-14

lunes, 10 de abril de 2017

LUNES SANTO

Imagen del Cristo de los Doctrinos, que procesiona en Salamanca la noche del Lunes Santo

Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que promueva el derecho en las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y su ley que esperan las islas. Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó el cielo, afianzó la tierra con su vegetación, dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella. Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la cárcel a los que viven en tinieblas.

Isaías 42, 1-7

viernes, 7 de abril de 2017

XIV ESTACIÓN: JESÚS ES SEPULTADO

“Fue crucificado, muerto y sepultado...”. Este es el momento en el que humanamente creemos que todo se ha acabado, que el final ha llegado y que ya no hay esperanza. La muerte ha vencido.
Esto sucedió hace 2.000 años, pero hoy ¿somos conscientes de las veces en las que sepultamos a Dios en nuestra vida? ¿Tomamos conciencia de los momentos en los que escondemos a Dios con nuestras actitudes, con nuestras acciones, con nuestras omisiones?
Frente al sepulcro, sintiendo la ausencia, la soledad, el corazón desgarrado por tanto dolor, nos preguntamos: ¿qué hemos hecho por Cristo? ¿Damos razones de esperanza? ¿Somos sus manos y sus pies?
El sepulcro es la última etapa de Cristo en su vida terrena; es signo de su sacrificio total por nosotros y por nuestra salvación. Muy pronto este sepulcro se convertirá en símbolo de resurrección.
La piedra del sepulcro abierta, movida, nos recuerda que a pesar de creer que todo se ha acabado, siempre hay un mañana, una esperanza.
¿Somos signos de esperanza para otros? ¿Creemos en la resurrección? ¿Confiamos?

María Noel Lamelas y Tucho Fraga, CVX en A Coruña


jueves, 6 de abril de 2017

XIII ESTACIÓN: JESÚS MUERTO EN BRAZOS DE SU MADRE

¿Y ahora qué, mi Señor? ¿Era esto lo que me prometió aquel ángel? Llegó a mí, me llamó “favorecida”, me anunció un hijo que sería “Hijo del Altísimo”. Este hijo destrozado que ahora recojo de la cruz.
Dichosa yo, que creí. Que me fie de lo que tuviera que venir. Tantos años de ver crecer al niño, guardando en el corazón dudas y asombros. ¿Y ahora qué?
Llevé a este niño en mi vientre, noté sus patadas, el primer latido de su corazón tan grande. Le enseñé a hablar para que contara bienaventuranzas; le enseñé a caminar para que llevara ese mensaje de una orilla a otra del Lago; calmé sus noches de llanto para que llevara consuelo a los afligidos; cuando llegaba a casa con las rodillas en carne viva después de jugar con sus amigos, curé esas heridas para que él sanara a los enfermos. Yo, que fui su cuna y su arrullo, ahora lo abrazo roto en mi regazo. Y sólo puedo ofrecerle ser sudario.
La única promesa que entiendo ahora es la de aquel anciano medio ciego, que vio para mí una espada atravesando mi corazón. Aquí está esa espada. No cabe un dolor mayor. ¿Qué padre o madre soportará ver morir a su hijo? ¿Qué grandeza hay en esto?
A mi lado la madre en Alepo, que con el cuerpo trata de cobijar a su niño mientras llega otro bombardeo. Conmigo los que una noche ven marchar de casa a su hija huyendo de Boko Haram. Soy el padre que no tiene lágrimas ya para su bebé mordido por la quimioterapia. Mi dolor junto a la mujer que llora el futuro de su pequeño, a punto de caer en las manos de una mara hondureña.
Duele esta espada, ya lo creo. Y, sin embargo, digo “sí”. Me fío. Mi alma sigue proclamando la grandeza de mi Señor. Mi corazón atravesado mantiene la esperanza en medio de esta tiniebla que nos envuelve ahora. No sé lo que va a pasar mañana, pero lo que tenga que ser, que se haga según la Palabra que me dio mi Señor.
Sinclair, CVX en Valladolid

miércoles, 5 de abril de 2017

XII ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Desde que te crucificaron hasta tu muerte, Jesús, transcurrieron tres largas horas que fueron de mortal agonía. Las personas que allí se encontraban, incluidas las autoridades religiosas, comenzaron a ultrajarte volviéndose hacia ti en la cruz. Constantemente, Jesús, estás siendo clavado en la cruz. En este momento de la historia, que vivimos en la oscuridad de tu Padre Dios que es también el nuestro, hay una gran falta de solidaridad y mucho sufrimiento. Quizá tengamos que orar como tú lo hiciste: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen, Padre perdónanos porque no sabemos lo que hacemos”. Tu rostro, Dios, tu rostro aparece difuminado, roto, maltrecho, sufriente e irreconocible.
Poco después, te dirigiste al buen ladrón y le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Fue la primera palabra de Esperanza para el hombre de entonces, de hoy y para cada uno de nosotros. Por eso,  en la cruz te hiciste reconocer dándonos una Esperanza perdida. Tú eres el que sufre y el que ama; por ello podemos preguntarnos dónde nos situamos cada uno de nosotros, como el buen ladrón, ante los millones de seres humanos que sufren acompañándote desde su cruz que es la tuya.
María, tu Madre, se quedó junto a la cruz, no podía ser de otro modo; y con ella, Juan. Acógenos, Madre, en nuestras debilidades, egoísmos, indiferencia; en nuestras miradas hacia otro lado y permítenos acogerte en tu sencillez y en tu amoroso silencio para que seamos capaces en esta hora de oscuridad, turbación y dolor a reconocer el rostro de tu Hijo en todos los que sufren, en aquellos que son despojados de sus derechos, maltratados, vejados y asesinados… Que dirigiéndose al Padre le dicen sin cesar: ¿Por qué nos abandonas? Pero es la oración del que sufre, como también fue la tuya, Jesús.
Cuando llegó la hora de nona, gritaste: “¡Todo está cumplido!”. Toda mi obra de Redención y la misión para la que he venido a la tierra se ha cumplido. Lo demás pertenece a mi Padre e inclinando la cabeza le entregaste el  Espíritu. “El velo del Universo entero se rasgó en dos...”. Te pedimos ser capaces de creer en ti y seguirte en el momento de la necesidad y de las tinieblas que nos rodean en nuestro mundo hiriente y herido. Muéstrate de nuevo al mundo y a todos nosotros en esta hora y así se manifieste tu salvación para toda la humanidad. Amén.
Isabel Muruzábal, CVX en Zaragoza

martes, 4 de abril de 2017

XI ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Hay clavos que unen, que fijados en la madera sirven para construir, son pieza fundamental en esos muebles de antaño que guardan todavía ese olor tan característico y nos traen a la memoria otros tiempos, esos en los que todo era más artesano. Sin embargo, este viernes, los clavos que recordamos son otros, estos son más dolorosos y huelen a sangre, a miedo, a incomprensión. Traspasan madera, pero también carne, sueños e incluso nuestro corazón. Son clavos de ira, de venganza, de no querer escuchar a Dios. Son los clavos que ninguno clavaríamos conscientemente, pero que, de hecho, clavamos en nuestro día a día cuando no actuamos con amor. A nuestra escala son pequeños, algunos no más grandes que un alfiler, pero sumados tienen la fuerza y la potencia de esos clavos que fijaron a Jesús en la cruz.
Puede que, en este momento, estés pensando que no, que tú no has empuñado ese martillo, que no has levantado un dedo que contribuya a la muerte de Jesús, pero ¿de verdad estás seguro?, ¿de verdad puedes decir que no le has negado nunca? ¿que no hiciste nada a ninguno de sus pequeños?, ¿puedes decir que tu indiferencia no le dolió a nadie?, ¿qué en aquella ocasión que miraste hacia otro lado no dejaste que la injusticia se abriera camino?
No te engañes, puede que ni tú ni yo estuviéramos allí y que no claváramos esos clavos, pero hoy, cuando levantamos muros, cuando dejamos de luchar por construir un mundo mejor, cuando el cansancio nos puede y el otro nos importa menos, cuando no queremos escuchar y cargamos contra el más débil, o cuando simplemente somos espectadores de las injusticias, en esos momentos y muchos otros empuñamos ese mazo, y volvemos a dejarle allí, clavado, solo, sin cabida en este mundo.
Hoy más que nunca, es momento de contemplarle, de mirarle a la cara y mirar mi vida. Es momento de guardar silencio y preguntarme cómo hacerme más consciente de esas pequeñas cosas para evitar que en un futuro, esas manos que clavan sean mis manos y esos clavos que perforan sean forjados con mis indiferencias y cansancios…
Ainhoa Torres, CVX Caná - Madrid

lunes, 3 de abril de 2017

X ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Mt 27, 33-36.
 
La invitación es a contemplar a un Jesús al que ya no le queda nada, porque hasta le arrebatan las vestiduras, para hacer negocio con ellas. Muchas de las personas que viven en Casa Mambré (Comunidad de Hospitalidad) no tienen nada material, en sus lugares de origen ya eran pobres y durante el camino les despojaron, con violencia e inhumanidad, de lo poco que habían podido reunir para emprender el sueño de una vida mejor. Muchas de sus ropas, de sus zapatos, quedan enganchadas en las vallas de Ceuta y Melilla, y algunos de quienes logran saltar al otro lado o cruzar el Estrecho, están desnudos.
En los últimos días hemos vivido una experiencia que nos ha conmovido las entrañas y que queremos compartir desde esta estación del Vía Crucis. Hemos recibido en la Casa a una niña muy enferma y a su madre embarazada que venían de Gambia. Su sueño, el nuestro y el de muchas personas de buena voluntad que se movilizaron para alcanzarlo, era poner toda la sabiduría del mejor equipo médico europeo a su servicio para salvarle la vida. Contemplamos a esta niña como a Jesús despojado de todo lo material: niña, africana, enferma, pobre… todo en contra y ni siquiera de la muerte va a poder escapar finalmente. Hemos contemplado a su madre guardando todo esto en su corazón, al pie de la cruz. Y en ese vaciarse de todo, incluso de la vida terrenal, su cuerpo pequeño y maltrecho no ha dejado de aportarnos bendiciones y regalos en forma de sonrisas, bailes, juegos, de aprender ávidamente palabras y nombres en español, del reguero de personas que nos hemos ido conectando en una red solidaria que construye puentes y derriba muros. Contemplar a Jesús, a esta niña despojada de todo, ha sido una experiencia de esperanza en medio del dolor, de dejarnos en manos del Padre cuando ya nada tenemos, confiadamente, sabiendo que sólo Él es el camino de la Vida que no acaba.
 
Señor, Ten misericordia de quienes vivimos obsesionados por los bienes materiales, de quienes los arrebatamos a otros en unas relaciones de intercambio desigual, explotación de los recursos y violencia, que les impiden vivir dignamente y les empuja a salir de su tierra en un incierto y peligroso camino migratorio. En tu imagen, despojado de las vestiduras, contemplamos la imagen de aquellas personas a las que ya no les queda nada, a los pobres entre los pobres, y en este gesto tu inmensa identificación y amor hacia ellas.
Envíanos tu espíritu para que podamos cubrir los cuerpos malheridos por las fronteras, curar y ofrecer hospitalidad a quienes llaman a nuestras puertas, permanecer al pie de la Cruz como María, compartir la vida con nuestros hermanos y hermanas inmigrantes, y caminar juntos hacia la plenitud de Tu Reino.
Inma Mercado. Casa Mambre. CVX en Sevilla

viernes, 31 de marzo de 2017

IX ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ


“Cuando un hombre descubre sus faltas, Dios las cubre. Cuando un hombre las esconde, Dios las descubre, cuando las reconoce, Dios las olvida”.
San Agustín

Ahora que se acerca la semana santa, nos paramos hoy delante de la tercera caída de Jesús. Mirando un poco el testimonio de Jesús nos preguntamos ¿qué puede decirnos esta tercera caída a cada uno de nosotros? Me viene a la mente cómo muchas veces en mi vida caigo, fallo, me alejo queriendo o sin querer de Dios, una y otra vez… pienso en nuestro mundo que ve cómo muchos “crucificados” caen y sufren diariamente y en lugar de acompañarles, les dejamos solos. En la tercera caída Jesús se debió sentir muy solo, ¿me siento yo así a veces? ¿intento acompañar a aquellos que “caen” continuamente por las dificultades de la vida? Mira a Jesús ahora en esta situación de dolor y sufrimiento y descubre a Dios encarnado.

Jesús, con su debilidad, fortalece nuestra fragilidad.

Las caídas de Jesús pertenecen al misterio de nuestra fe, un Dios que se hace hombre y sufre con y por nosotros. Ha entrado en la debilidad de nuestra vida, y nos ha mostrado que es posible levantarse y continuar caminando. Nos ha enseñado que el servicio y la bondad es el arma con la que se vence a los poderes de este mundo. Jesús en tierra, sufriendo, es capaz de acompañarnos en las dificultades de nuestra vida. Jesús nos muestra cómo ante las dificultades tenemos que “agarrar” la cruz, cuidar la fe, dejar espacios a Dios en nuestra vida, y solamente así conseguiremos levantarnos. Porque Jesús nos muestra que nunca nos dejará solos.

Señor, enséñanos a confiar más en ti, a descubrirte en las “caídas” que tenemos en nuestra vida, enséñanos a saber apoyarnos en Dios para poder levantarnos y poder seguir caminando, porque solamente tú, Jesús, Dios con nosotros, puedes darnos las fuerzas necesarias para levantarnos una y otra vez ante las dificultades de la vida. Ayúdanos a saber escuchar tu voz, a descubrirte como “el camino, la verdad y la vida”, a confiar en que si te seguimos “no caminaremos más en la oscuridad, sino que tendremos luz de vida”.


Alejandro Asenjo García-Valdelacasa, CVX Padre Arrupe - Madrid

jueves, 30 de marzo de 2017

VIII ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

En el camino que recorrió Jesús hacia la Cruz no todo fueron ofensas para Él. Un pequeño grupo de mujeres de Jerusalén, viendo cuanto sufría y viendo el dolor de María, su madre, lloraban por Él, como si al hacerlo le dieran una caricia desde lejos. Pero la escena es más compleja de lo que parece. ¿Quién consuela a quién?
Jesús comprende el gesto compasivo de aquellas mujeres que le alientan en su sufrimiento, pero le horroriza el destino que le deparará al pueblo de Israel, y parándose ante ellas, les dice con voz entrecortada: “No lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”. Estas palabras de Jesús no suenan de primeras como un consuelo, pero ayudan a enfocar la inquietud de estas mujeres, en una sociedad que no hace caso de sus preocupaciones e invisibiliza sus emociones. Jesús las tiene en cuenta, como en tantas otras veces en las que ellas le han ayudado en el descubrimiento y realización de su misión.
Desde la tradición joánica se ve la realidad del lugar de la mujer en las primeras comunidades cristianas como modelo del discipulado apostólico. En el Evangelio de Juan encontramos ricos pasajes referidos a cinco mujeres protagonistas de narraciones teológicamente importantes.
María, ante la falta de vino en las bodas de Caná, nos enseña, con su ejemplo de primera discípula, a estar pendientes a las necesidades de los demás. La mujer samaritana, convirtiéndose en la discípula no judía de Jesús, nos enseña a olvidarnos de nosotros mismos, para romper los prejuicios que nos impiden descubrir la verdad del otro. La mujer adúltera, con la actitud de Jesús ante ella y sus acusadores, es otro buen ejemplo de cómo mirar con comprensión y bondad al que sufre a causa del pecado. Marta y María de Betania, a través de los encuentros con Jesús, nos enseñan la importancia de la amistad, del afecto y del cariño hacia los demás.
A las mujeres de Jerusalén el encuentro con Jesús les da una fortaleza que les servirá para lo que tendrán que enfrentar ellas mismas. Seguramente parte de la razón por la que caminan con este hombre que está sufriendo es porque sienten que sus propias vidas se verán afectadas por los acontecimientos que se aproximan.
Cuando sufrimos solemos estar tan ofuscados con nuestro propio dolor y ansiedad, que no nos damos cuenta de que hay personas a nuestro lado que también sufren. ¿Somos capaces de desviarnos de nuestro propio “viacrucis” para consolar al otro?
Sigamos el ejemplo de Jesús que ni siquiera en su triste estado deja de preocuparse por los demás.
Jesús Maldonado y Ana Palomo, CVX en Jerez
 

miércoles, 29 de marzo de 2017

VII ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Cae Jesús, y ya van dos veces. Y junto a Él caen otros hombres y mujeres. Son hombres y mujeres a ras de suelo. Es la cruz de Jesús por los suelos. Nuestro Salvador caído, caído en los hombres y mujeres que siguen cayendo. Pero desde arriba no se aprecia bien. ¿Cómo permanecer en pie, casi impasibles, ante estos casos de humanidad doliente? ¿Cómo permanecer en pie ante tantos hermanos y hermanas que han caído? ¡Acércate a contemplar la caída de Jesús! Sitúate frente a Él y póstrate si es necesario. Cae ante ese “caído” y permanece.
Jesús cae. Ellos y ellas también. Cae el niño huérfano, el alcohólico y el nómada errante. Cae el que sufre por consecuencia de amores egoístas, el indigente entre los ricos y el pobre entre los más pobres. Cae el desempleado frustrado, el discapacitado invisibilizado y la anciana sola. Cae el joven sediento, el hijo de la guerra y el soldado desprevenido. Cae el indígena engañado, el manifestante valiente y el anciano abandonado. Cae el sin hogar con frío, el ciudadano sin libertad y el revolucionario apaleado. Cae la joven borracha, la señorona elegante y el subsahariano tras la valla. Caen los trabajadores explotados, las familias desahuciadas y los hombres y mujeres asesinados por mantener su fe ante quien quiere imponerles otro credo. Cae el adolescente preso, el policía herido y el perseguido por defender a los más pequeños de nuestro mundo. Cae la formalidad en palacio, la demencia en la acera y la muchacha ante su violador. Cae el inmigrante ilegal, el estafado por las mafias y el refugiado sin retorno.
Cae Jesús, por segunda vez. Caen hombres y mujeres. Continuamente.
“Señor, te pido que cada vez que caiga me recuerdes que no tengo motivos para perder el ánimo. Que hay que levantarse siempre, pues no es fácil tomar el camino que no está hecho y arriesgar, pero que las cosas que merecen la pena conllevan esfuerzo y, por ello, también tropiezos en el camino. Porque sé que cada vez que me caigo te paras a levantarme, y que mi peso, mi cruz, la llevas Tú cuando me siento agotado, aunque a veces se me olvide".
Con todo eso, no nos damos cuenta de lo afortunados que somos, de todos los privilegios que tenemos, oportunidades y personas que están siempre a nuestro lado incondicionalmente. Es más que motivo para levantarse, no sólo una vez, sino todas las veces que caigamos.
Jesús cayó por segunda vez, pero al igual que la anterior, también se levantó. Se levantó con más fuerza. Porque era su lucha, su convicción, tomó el camino difícil y se levantó una segunda vez por nosotros. Porque nos ama.
Jesús Pombo, CVX en Salamanca

martes, 28 de marzo de 2017

VI ESTACIÓN: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

Una mujer llamada Verónica se abre paso entre la muchedumbre, llevando un lienzo blanco, con el que limpia piadosamente el rostro de Jesús. El Señor deja grabada su Santa Faz en este lienzo, un "verdadero icono". Jesús una vez más dona ante una mujer su verdadero rostro. Hombre como nosotros también es sensible a un gesto de afecto.
En el relato evangélico y en la piedad popular ocupan un lugar relevante varias mujeres, sobre las cuales se ha detenido el pueblo cristiano. La  presencia de la Verónica es sintomática de cómo prolonga la devoción cristiana los relatos evangélicos.
El paño de sobre el que queda impreso el rostro de Cristo, nos transmite que todo acto de caridad y misericordia hacia el prójimo, si es de verdad y sale directo del corazón, nos acerca más profundamente al Salvador del mundo.
Recordemos unos versos de la Oda a la Ascensión de  fray Luis de León: “¿Qué mirarán los ojos / que vieron de tu rostro la hermosura, / que no les sea enojos? / Quien gustó tu dulzura, / ¿qué no tendrá por llanto y amargura?.
La hermosura hecha dolor, dolor de ese rostro desfigurado, herido, henchido de dolor, supone la purificación para nosotros, pecadores. El mismo rostro que había sonreído a los niños nos mira con un amor infinito y nos cambia desde dentro, nos convierte el rostro del alma, nos devuelve la vida desde su dolor. El mismo rostro transfigurado del Tabor, nos desciende a la conciencia plena del sufrimiento, y el camino por este a la gloria eterno.
Si en la vida de todos los días yo me empeño por auxiliar al prójimo para que camine por las vías del Evangelio, de la Salvación, el rostro de Cristo se fijará en mi espíritu, me tornaré semejante a Él, ya que el amor vuelve a aquel que ama semejante al objeto amado.
¿Cómo poder mostrar, Señor, nuestro verdadero rostro? ¿Cómo liberarnos de nuestras caretas, de nuestras poses de autosatisfacción, de nuestras muecas de incomprensión y soberbia?
Jesús, déjame que enjugue tus lágrimas, déjame secar tu sudor, déjame limpiar tu sangre... ¡Te he escuchado tantas veces en el camino de mi vida, en los buenos y en los malos momentos! ¡He sentido tantas veces cómo tu presencia en mí me reconfortaba! ¡Me duele en lo más profundo verte tan roto y abandonado por todos! ¿Qué te han hecho, Maestro? ¿Adónde te llevan, Jesús mío?
Dame fuerzas para compartir parte de tu dolor y sobre todo, permíteme limpiar, secar, enjugar la suciedad, el sudor, la sangre de tantos en ti. Todos quisiéramos como Verónica aliviar tu dolor pero, ¡nos cuesta tanto hacerlo en el prójimo!
Haz que mis obras me  hagan semejante a ti y dejen al mundo el reflejo de tu infinito amor.
Amalia Campos, CVX en Sevilla

lunes, 27 de marzo de 2017

V ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A CARGAR LA CRUZ

¿Quién no ayudaría a Jesús como hizo el Cirineo llevando la cruz en un momento en que está siendo injustamente ajusticiado y terriblemente torturado? Estoy seguro de que ninguno de nosotros dudaría al echarle una mano. Pero claro, ¡Qué fácil es decirlo ahora que sabemos el final de la historia en que nos salvaría y resucitaría! ¡Que sabemos que Jesús sí que era buenísima persona y ayudaba a los más necesitados! Nosotros llegamos con la tranquilidad del que sabe lo que va a pasar…
El Cirineo en cambio igual sólo había oído hablar de Jesús de pasada, o ni eso; Jesús nunca lo habría ayudado, es más, lo más probable es que ni lo conociera, que sólo viera al volver del campo a un montón de gente pidiendo que ajusticiaran a un traidor, y que cuando la guardia vio a un hombre fornido le ordenara que ayudara al condenado para evitar que se desvaneciera antes de la tortura final en la cruz, y lo hizo, sí, por miedo a las consecuencias si no lo hacía y no como gesto de amor como en ocasiones le recordamos. ¿Eso le hace peor persona? Por supuesto que no, sean cuales fueran los motivos optó por socorrerle. Y ya padeció las posteriores burlas de la gente por ayudar a un vulgar “ladrón”.
Jesús nos decía “Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes les aman. Y si hacéis el bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto.” (Lucas 6, 32-34)
Teniendo estas palabras de Jesús presentes te pedimos que hagas un ejercicio de contemplación, mires a tu alrededor y pienses 3 situaciones en las que hoy en día haya  gente que conozcas o no y que está haciendo el mal, algo que no te gusta, algo terrible. En un momento determinado están siendo vapuleados “y con razón”. (Date un minuto) Ahora llega un momento determinado en que un tercero te pide que le ayudes. ¿Y si ese tercero, ese “soldado” que te pide que socorras al indefenso “que no se lo merece” fuera nuestro Dios Padre-Madre? Tú tienes libertad plena de ayudarle (no como el Cirineo).  ¿Qué haces? ¿Te escondes entre la multitud? …
¿Eres capaz de amar a quien no te ama, perdonar a quien no te perdona, ayudar a quien no te ayuda, compartir con quien no comparte contigo?
Estamos camino del Gólgota y Dios me pregunta… ¿Qué mérito tienes?

Josu Beaskoetxea y Aitor Arbaiza, CVX Arrupe Elkartea

sábado, 25 de marzo de 2017

DÍA MUNDIAL CVX


Las tres Personas divinas, contemplando a toda la humanidad tan dividida por el pecado, deciden darse completamente a los hombres para liberarlos de todas sus cadenas. Por amor, el Verbo se encarnó y nació de María, la Virgen pobre de Nazareth 
[PPGG 1]

Así comienzan los Principios Generales de la Comunidad de Vida Cristiana. Y lo hacen con la contemplación de la Encarnación que San Ignacio propone en sus Ejercicios Espirituales. Por ese motivo el día 25 de marzo toda la CVX celebramos nuestro Día Mundial, nuestra fiesta, en la que seguimos renovando nuestro deseo de colaborar en la iniciativa de Dios de darse completamente a los hombres para liberarlos de todas sus cadenas.

La CVX en Salamanca lo celebraremos conociendo de primera mano, gracias al testimonio de Marta Martín, la experiencia de voluntariado en Ragusa, acompañando a refugiados y demandantes de asilo, que organiza la CVX en Europa.

viernes, 24 de marzo de 2017

IV ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE, MARÍA

Entre todas las personas que Jesús se encuentra recorriendo su camino hacia el Calvario hay una mirada única, diferente, llena de significado y ternura. Es la mirada de María, su madre.
Ella es la persona gracias a la cual el Hijo está en este mundo, ella le guio y le acompañó en cada paso temprano de su vida.
María, como muchas otras madres en la historia también es mártir, pues ella siente en carne propia lo que le va pasando a su hijo. Ella comenzó a vislumbrar la diferencia, la no adaptación a lo establecido, la dificultad para encontrar un lugar digno para su Hijo en este mundo desde que “el niño se perdió en el templo”.
Hoy María lo mira con el corazón partido, se han cumplido sus peores temores, y sin duda, está aguantando las lágrimas. Lágrimas que no se permite derramar para infundir a su hijo valor, palabras llenas de rabia y de odio que no se permite pronunciar para apaciguar el corazón del hijo. Más tarde, a solas, llorará y rabiará.

Hoy en día encontramos también a muchas de estas Marías; en Turquía o en Afganistán, contemplando cómo sus hijas son sometidas a leyes injustas que las anulan y ante las cuales no pueden sino doblegarse, pues entre los muchos castigos impuestos se encuentra hasta la lapidación pública.
Madres que ven a sus hijos partir en pos de otras fronteras, pues la alternativa es morir de hambre o violencia. Ellas saben lo que a los hijos les espera; vallas fortificadas, mares en barcos endebles y sobrecargados, las mafias y las mordidas...
Madres de niños y niñas raptados, quién sabe si destinados a ser soldados en la selva, piezas reemplazables en la guerra, quién sabe si violadas por los mandos superiores e intermedios.
Madres de niños y jóvenes enfermos dependientes sin recibir prestaciones para atenderlos dignamente, viendo cómo la existencia de estos niños se complica, cómo nadie atiende sus peticiones, sus gritos de sufrimiento.

Reconozcamos el valor de todas esas madres acompañando el dolor de los suyos, sintiéndolo como un dolor más grande que el propio. Madres cuya desesperación y lucha es contra el sistema. Marías intentando encajar los golpes de un mundo indiferente y desigual.

Inma Blanch, CVX Ignacio Ellacuría - Valencia

jueves, 23 de marzo de 2017

III ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

No parece suficiente conocer la condena a muerte o cargar con la propia cruz; ahora Jesús cae por primera vez, ¿puede haber más dolor?
Jesús no se hace el escurridizo, no se planta y deja la cruz a otros, se queja hasta donde el dolor le permite y cae, cae al suelo con todo el peso de su cuerpo más el de una cruz que le aprisiona, también caen sus sueños, sus esperanzas y anhelos ante la intemperie más absoluta.
Caerse ante una multitud que señala con el dedo al que dice ser el “Hijo de Dios”, rendirse al menosprecio de los que miran, entregarse a la humillación en su mayor grado, reconocer los propios límites físicos, de angustia ¿qué será lo próximo?
Tu mirada dolorosa y ensangrentada se levanta con la cruz hacia el monte Calvario que acoges bien fuerte, sabiendo que no estás solo, que el amor, heredado del Dios de la vida, tiene la última palabra ante una infinidad de preguntas que surgen desde lo más profundo para volver a caminar.
Caerse no es el final, es acoger toda la debilidad humana y entregarla al Dios Padre que es amor para que me sostenga en el vacío más profundo, para que el dolor no me rompa en dos, para que solamente desde el amor pueda hacer rodar esa película de mi vida con el deseo de bucear entre aquellos momentos de mayor consolación y pedir fuerzas, traer a la memoria personas que me han demostrado su valentía y ganas de seguir adelante, para confiar solamente en Ti pues “hasta los cabellos de mi cabeza están contados”.
José Alcalá, CVX en Albacete

miércoles, 22 de marzo de 2017

II ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Jesús, cuando llegó su hora, no retrocedió ante la cruz, cargó con ella y la convirtió en señal de esperanza y de salvación.
Sin embargo, a nosotros nos cuesta cargar con nuestras cruces y aceptarlas. En los momentos de dolor o sufrimiento, fácilmente nos sentimos perdidos y nos solemos alejar de Ti. Nos revelamos ante nuestras limitaciones y preferiríamos que no existieran, que las cosas fueran sencillas. Además, no nos gusta meternos en complicaciones, es mejor pasar desapercibidos, ya tenemos bastante con lo nuestro.
Al revés que nosotros, Tú viniste al mundo y te hiciste hombre para pasar por donde nosotros no queremos pasar: por la angustia, por el sufrimiento, por la misma muerte. Cargas sobre tus hombros nuestros problemas y nos enseñas a no vivir en la desesperanza. Con Tu ayuda, podemos intentar mirar con otros ojos los momentos difíciles y sentir que cargar con la cruz es abrazar la vida. La cruz, entonces, se hará más ligera.
Toñi Zapata y Pepe Abad, CVX en Zaragoza

Oración: “Cómo cargar con la cruz” (fragmentos)
¿Cómo encarnar,
sin sucumbir al miedo,
verbos difíciles
que hablan de renuncia,
de sacrificio,
de entrega?
¿Cómo cargar con la cruz
ingrata, austera, desnuda
que a veces te sepulta
bajo su peso insoportable?
Pero Tú vuelves fecundo
el suelo antes estéril.
Contigo y a tu manera,
echan raíz
las historias enterradas,
y brota un árbol frondoso,
cuyos frutos saciarán mil hambres.
José Mª Rodríguez Olaizola sj

martes, 21 de marzo de 2017

I ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE


Te condeno a no compartir mi tiempo, a no mirarte, a no reír contigo, a no escucharte, a no darte mi mano… porque eres distinto a mí, hablas de forma diferente, crees en cosas que yo no entiendo, quieres tener lo que yo tengo. Aunque pases a mi lado no te miro, no te veo, para mí eres invisible, aunque oiga tu voz, no te escucho.
Te condeno, porque quizá si te escucho no puedo seguir viviendo como vivo, quizá sea incómodo tener menos, o incluso otros pueden señalarme, o tal vez hasta se atrevan a condenarme por ponerme a tu lado y hacer de tu causa la mía. Aquí que cada palo aguante su vela. Mala suerte la tuya, yo lo siento... pero demasiado tengo yo con mi vida.
Y así, yo también condeno, también levanto muros, también cierro o tapio puertas y ventanas, que eso también significa condenar. Y eso fue lo que pretendieron con la condena de Jesús, tratar de cerrar definitivamente la puerta al Reino de Dios que él llevaba anunciando durante tres años. Y hoy, y ahora, seguimos condenando, aunque sea sin querer. Seguimos cerrando puertas, impidiendo que otros lleguen a nuestro país buscando un futuro mejor; seguimos cerrando ventanas para no ver que fuera hay gente que no tiene hogar, ni esperanza, ni nada en lo que creer. Cerramos la ventana y corremos las cortinas porque es mejor no ver qué pasa fuera de nuestra cómoda casa, y así, al cerrar, al tapiar, al condenar, evitamos exponernos a que el aire de fuera nos siente mal.
Condenar también es “echar a perder algo”. Con la condena a muerte de Jesús se pretendía acabar para siempre con todos los mensajes “incómodos” que Él anunciaba. Vino a poner el mundo patas arriba diciendo que los últimos ya no serían los últimos, que los pequeños eran más importantes que los poderosos, y con su condena se pretendía poner fin a tanto mensaje inquietante. Era necesario acallar sus palabras incómodas, como también hoy silenciamos mensajes que hablan de alternativas que no incluyen sólo a los de siempre.
Jesús fue condenado a muerte. Jesús también es hoy condenado a muerte.
¡Crucifícalo! La rotundidad de las palabras de entonces suena hoy con la fuerza de quien da un portazo en las narices a quien quiere entrar, y me veo a mi misma levantando muros, con la indiferencia, el olvido, el no querer escuchar o el no implicarme lo suficiente. Y sin querer o queriendo construyo muros, cierro ventanas, impido que circule el aire que todos necesitamos para respirar.
Entonces la mirada de Jesús se cuela por un agujero en tapia levantada. Su mirada nos invita a librarnos del miedo a perder nuestras seguridades, la auténtica invitación a no lavarnos las manos, sino a pringárnoslas con la vida de quienes hoy son condenados. Su mirada nos invita a mirar de otro modo, a escuchar, a acompañar, a derribar los muros y abrir ventanas. La oportunidad es nuestra, solo hay que aprovecharla.
Raquel Gómez, CVX en Salamanca