sábado, 24 de junio de 2017

CORAZÓN DE MARÍA


María será la discípula que conserva la palabra de Dios (esa palabra-espada) en su corazón. Como solo la mujer sabe hacerlo, guardará ese tesoro en su interior, y vencerá amorosamente las pruebas del escándalo, de la pobreza, del destierro, de la desbandada de los apóstoles, de la cruz. El poder de las tinieblas no consigue derrotar a Jesús. El dragón apocalíptico tampoco puede con esta mujer (Ap 12,17). María resiste. Ni las aguas torrenciales (…) podrán anegar su compromiso de amor (Ct 8,7).
Lo que ocurre en María es esencial para la obra de Jesús. El símbolo del corazón se orienta hacia una relación, hacia otro corazón con el que engarzar un diálogo de amor. El corazón, como el amor, pide respuesta, para un encuentro de afecto, de cuerpo, de alianza.
Javier Álvarez-Ossorio sscc

viernes, 23 de junio de 2017

CORAZÓN DE JESÚS

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
1 Jn. 4, 7-16