lunes, 30 de diciembre de 2013

OTRO AÑO SE NOS VA

Otro año que se nos va. Y como todos los finales de año parece que toca hacer balance y elaborar una lista de propósitos de año nuevo. Y como siempre volveremos a proyectar todas nuestras expectativas y esperanzas en el año que viene.
Nos damos cuenta de todo aquello que nos ha llenado de verdad, de todos aquellos que han compartido nuestros momentos, de aquellas cosas que queremos cambiar, de aquellas actitudes que queremos mantener. Es como si el 31 de diciembre fuera un día mágico en el que decidimos mirar más allá.
Y es entonces cuando miramos con ojos nuevos al año nuevo. Y esperamos que este nuevo año nos traiga salud o trabajo, que las cosas nos salgan mejor. Le pedimos al año nuevo mejores resultados académicos, o más tiempo para nosotros, o para la familia, o quizá para un voluntariado.
Pues siento decepcionar a los ilusos. Pero el nuevo año no va a traer trabajo, ni buenas notas, ni más tiempo, ni va a solucionar nuestros problemas. NO. El nuevo año lo único que puede traer son 365 días, 365 oportunidades para que seas tú mismo el que trate de cambiar tus actitudes, quizá no los acontecimientos, pero sí tu manera de acercarte a ellos.
Siento decepcionar también a los conformistas, a los que dejáis en manos de otros los rumbos de vuestras vidas, creyendo que no podéis hacer nada por cambiar el curso de vuestra historia y de la de otros. El año que viene va a traer momentos de exigencia, de toma de decisiones: todas ellas suponen ir marcando el camino: el propio y el de los que caminan al lado (aquí y un poco más lejos).
Sí, creo en el ser humano y estoy convencida de su capacidad para cambiar las cosas. Me niego a pensar que no tengo nada que decir en mi vida y en las otras vidas. Me niego a asumir que las cosas las cambian otros y que no tengo ni responsabilidad ni poder sobre un mundo que es mío, tuyo, de todos. Y de esta manera, “obrar como si todo dependiera de mí misma, sabiendo que al final todo depende de Él”.
El balance es necesario y también el marcarse unas metas, el revisar nuestro Proyecto. Pero puestos a elegir un día mágico me quedo con el 25 de diciembre y puestos a pedir, mejor que al año nuevo, prefiero pedir a Dios que ilumine mi camino, que no se canse de estar moldeándome, que sepa mirar con ojos confiados y renovados.
Laura García

martes, 24 de diciembre de 2013

BROTA


Algo nuevo está brotando ¿no lo notáis?” (Is. 43, 19).
El más grande se hace pequeño en la inmensidad del Mundo. Nota cómo también brota en ti cada día, cada Adviento, cada Navidad...

lunes, 23 de diciembre de 2013

DIOS CON NOSOTROS

Nuestra compañera de comunidad, Nade, nos envía desde Chad, donde está con el Servicio Jesuita a Refugiados, este comentario al evangelio del cuarto domingo de Adviento (Mt. 1, 18-24).

Bécquer dijo una vez: “¿cómo la palabra, cómo un idioma grosero y mezquino, incapaz a veces de describir las necesidades de la materia puede servir de digno intérprete entre dos almas?”
Os confieso que hoy me siento así: he escrito y reescrito ideas sobre este texto y siento que ninguna termina de transmitir lo que siente mi corazón al leerlo. Quizás es que estoy poco inspirada… o igual es que tengo poco que añadir a lo que el Evangelio nos cuenta esta semana… Pero la verdad es que, cuando leo el fragmento de este domingo, cuando lo rezo tranquilamente o con prisas, me quedo una y otra vez en una sola frase… en tres palabras que me sobrecogen por el gran secreto que guardan, que me emocionan y me sobrepasan por el Amor que hay en ellas, tres palabras que me transforman por todo lo que implican… Tres palabras, sólo tres palabras que son la clave de todo:
Dios CON nosotros
Así que (a riesgo de no renovar mi contrato de comentarista de Evangelios) hoy no haré un comentario…  he decidido dejaros a solas con estas palabras, dejar  que sea Dios quien os hable directamente y no interferir con mi comentario…  Os invito a que busquéis un rato para rezarlas tranquilamente, para gustarlas, para sentir lo que significan para vosotros… Ojalá, a través de ellas, el Señor pueda encontrar  una vez más el camino para tocar vuestro corazón como ha tocado el mío.
¡Feliz Navidad a todos!
Nade

viernes, 20 de diciembre de 2013

OPERACIÓN VIVIENDA

“Quizás tu vecino necesite algo más que sal”.  Bajo este lema se presenta la campaña de operación vivienda 2013.
El objetivo principal de esta campaña es apoyar económicamente y acompañar a las personas y familias con dificultades para acceder o mantener una vivienda y reclamar que la vivienda es un derecho esencial para el desarrollo de la persona y para su integración social.
A lo largo de este año Cáritas Diocesana de Salamanca ha llegado a 988 familias mediante 3.199 ayudas, lo que supone 1.645 más respecto al año anterior. En la campaña 2012 se recaudaron 104.536 euros y a lo largo de este año se han invertido 688.622 euros destinados a ayudas de alquiler y suministros (gas, luz, agua).
Cáritas ofrece también respuesta a las personas que no tienen hogar a través del Centro de Acogida Padre Damián, que  ha recibido 9.080 estancias, y de la Casa de Acogida de enfermos de sida que ha contado con 21 residentes a lo largo del año.
Todas  las personas que quieran colaborar con esta campaña pueden hacerlo en las colectas del próximo domingo día 22, dirigirse a Cáritas Diocesana de Salamanca (C/ Monroy, nº 2), realizar su donativo en cualquier entidad bancaria a nombre de Cáritas Diocesana de Salamanca indicando en el concepto “Operación Vivienda” o a través de la página web.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿CÓMO RECONOCER AL MESÍAS?

Nuestra compañera de comunidad, Nade, nos envía desde Chad, donde está con el Servicio Jesuita a Refugiados, este comentario al evangelio del tercer domingo de Adviento (Mt. 11, 2-11).

Juan el Bautista, un profeta, un hombre de fe de quien todos hablan, e incluso el mismo Jesús le reconoce como un gran profeta… tiene un momento de duda ¿eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otros? se pregunta. ¿Cómo es posible que Él, teniendo delante al mismo Dios, tenga dudas?
En el texto se nos muestra como Jesús pide a sus discípulos que le confirmen que es Él y le hablen de “los signos que habéis visto”. Esos signos son su tarjeta de visita, sus credenciales para confirmar que verdaderamente Él es el Mesías que había de venir. Pero… espera: ¿qué signos son esos? ¿Un Dios en medio de los ciegos, de los leprosos, de los pobres y de los pecadores? La verdad es que eso suena bastante poco a la idea convencional que Dios todopoderoso que podrían tener por aquella época… ¿Un Dios entre los más frágiles? ¿Un Dios que no se impone? ¿Un Dios que come con pecadores?... qué difícil de creer, hasta para el mismo Juan que le había reconocido incluso estando en el vientre de su madre…
Podríamos tener la tentación de creer que 2000 años después ya hemos superado esa idea de Dios y que ya no le buscamos entre los grandes signos, los milagros y las grandes acciones… Pero, ¿realmente es así? ¿Dónde encontramos a Dios en nuestra vida? ¿Cuáles son los signos que esperamos de Él?
En medio del desierto, en los días difíciles, yo os confieso que no siempre me resulta fácil verle… En España era fácil construir la idea romántica de “estar entre los más pobres”; hablaba con unos y otros y nos decíamos: qué bonito sería ir a África, allí es más fácil encontrar a Dios… Y sí, cuando ves a un niño vestido con harapos y descalzo que corre hacia ti sólo para estrecharte la mano… puedo encontrar el amor de Dios en mi corazón que me pide que sea la mano que le acaricia y le hace sonreír con unas cosquillas… Pero en otras ocasiones resulta también muy complicado encontrarle. Cuando veo un pueblo que ha tenido que abandonar su casa a causa de la violencia y aun así tiene arraigada esa misma violencia en su modo de funcionar en los campos, un pueblo que aún establece discriminaciones en función de la etnia a la que pertenezcas o que  viola y minusvalora a sus mujeres, cuando me encuentro con algunos refugiados intentan engañarte para conseguir tus objetivos o que desconfían de tus intenciones… me pregunto ¿dónde están tus signos Señor? ¿Y qué puedo hacer yo por ti aquí?
Me encantaría deciros que tengo las respuestas, que después de un par de horas de oración profunda puedo resolver todos mis dilemas… Pero no es así, hay días de mucha oscuridad. A veces me cuesta entrar en esta lógica de Dios, descubrirle cuando las cosas se ponen difíciles y ser profeta cuando faltan las palabras…
Pero cuando lo pienso detenidamente… me doy cuenta de que lo que celebraremos en unos días es precisamente esa lógica distinta de quien nos quiere infinitamente, incondicionalmente, generosamente…  Un Dios que tiene otra manera de hacer las cosas pero que ha decidido ser un “Dios-con-nosotros”…  Y eso quiere decir lo que quiere decir: Él, de entre todas las opciones posibles, ha decidido que quiere ser parte de nosotros, vivir en medio de nuestra vida… con sus complejidades, sus dolores y su pobreza…  con nuestros pecados y nuestras contradicciones… Porque nos ama, porque espera lo mejor de nosotros y quiere nuestra felicidad por encima de todo... ¿No es eso algo muy grande?
Y cuando contemplo ese regalo, vuelvo a sentirme profundamente llamada a estar aquí a intentar imitar, con mis infinitas limitaciones, un amor tan grande… a hacer de ese Amor mi bandera y mis credenciales. Estoy convencida de que aunque mi cabeza dura y mi corazón atascado a veces no puedan encontrarle… estoy aquí porque me quiere aquí y esto es parte de su plan… y Él también está, Él me busca y me llama… como a cada uno, estemos donde estemos.
Aprovechemos este tiempo de Adviento para salir a su encuentro, para hacer como Juan y seguir buscándole con más y más fuerza a pesar de las dudas y las dificultades… porque es Él el que había de venir y no tenemos que esperar a otros.
¡Feliz Adviento!

Nade

lunes, 16 de diciembre de 2013

ADVIENTO

No hay nada más bonito y sobrecogedor que la felicidad que genera un recién nacido en una familia. Durante las semanas previas se quiere tener todo preparado, la habitación, la ropita, la cuna… y el deseo de que al fin nazca va marcando todos los minutos. En ese tiempo te vas haciendo consciente de que tu vida va a cambiar radicalmente porque ya no vas a mirar sólo por tus ojos, vas a ver también por los ojos de ese niño que cuando te mire te va a devolver esa mirada inocente, llena de bondad, esa mirada dispuesta a descubrir y maravillarse con la creación.
Para mí eso es el adviento. Es el ir adecuando mi corazón, limpiándolo, sacando los trastos viejos o inservibles,  haciendo de él un hogar para que el Niño more. Pero sobre todo es desear que lo trasforme todo en nuevo para que reaprenda a mirarle y mirar a su creación con su mirada inocente y bondadosa, que ilumina y pacifica.
Esto te lleva a querer hacer felices a todos lo que te rodean (tu familia, amigos, compañeros de trabajo) y vivir con verdadera alegría la Navidad. Pero, sobre todo,  dejarte afectar por Él y por toda la realidad que nos rodea y seguir buscando que caminos son los que nos llevan a Él y a Belén para adorarle.

Leticia Hermida, CVX en A Coruña

martes, 10 de diciembre de 2013

ALÉGRATE… PUES NADA ES IMPOSIBLE PARA DIOS

Nuestra compañera de comunidad, Nade, nos envía desde Chad, donde está con el Servicio Jesuita a Refugiados, este comentario al evangelio del segundo domingo de Adviento (Lc. 1, 26-38).

El año pasado tuve la suerte de viajar a Tierra Santa donde visitamos la Basílica de la Anunciación. Allí, en el silencio acogedor de una basílica imponente, se nos invitaba a rezar contemplando el fragmento que leemos esta semana en la Eucaristía. Al leer el texto, yo me imaginaba a la pobre María, una chica normal y corriente, en medio de sus tareas cotidianas; corriendo, quizás, de aquí para allá para hacer todos los recados del día… Una chica normal y corriente a la que, de repente, se le aparece un ángel para decirle: “Alégrate María, que he venido a complicarte un poco la vida”… Quiero decir: “Alégrate María, que vas a tener en tu vientre al Hijo de Dios”. Honestamente, por mucha fe que una tenga, una noticia como esta le tiene que dejar de piedra. María tenía ya su vida planeada de alguna manera; no olvidemos que estaba comprometida con José, un buen hombre con el que se casaría en breve, tendría una familia; tendría sus amigos, sus aficiones… todo iba bien, todo era normal. Y, de repente, el Señor pone patas arriba su vida haciéndole partícipe de una tarea que, aunque maravillosa, no está exenta de complicaciones: ¿cómo decírselo a su familia? ¿qué va a pensar José? ¿es que yo seré capaz de asumir una responsabilidad tan grande…?
En ese contexto, yo me pregunto: ¿de verdad puede uno alegrarse cuando le complican la vida de esa manera?
Salvando muy mucho las distancias, este pasaje del Evangelio me recuerda un poco al momento en el que me planteé en serio la posibilidad de venirme a África. Yo había estado dándole vueltas a la cabeza al asunto (tonteando un poco con la idea), hasta que un día, hablando con un muy buen amigo, tomé consciencia de que el Señor me pedía un compromiso más fuerte. En ese momento, me di cuenta de que había una llamada tan real y tan tangible que era imposible no escucharla…. Os puedo asegurar que, como María, lo que primero que sentí no fue precisamente “alegría” sino más bien un torrente de preguntas que ponían en mi corazón algo bastante más parecido al miedo. Esa noche, y otras muchas de las que vinieron después, no pude dormir dándole vueltas a la cabeza… sopesando mil y unas cuestiones que “tendría que solucionar”: ¿Cómo le cuento yo esto  a mi madre, a mis hermanos, a mis amigos? ¿Qué pasa con mis planes de tener un trabajo estable, de encontrar una pareja? ¿Voy a abandonar la vida en Salamanca, mis amigos, mi parroquia… con todo lo feliz que esto me hace? ¿Es que seré capaz de encajar bien esta experiencia, de vivir de cerca el dolor de los otros o, incluso, de vivir tanto tiempo fuera de casa sin todas las comodidades materiales (y también espirituales) que tengo aquí?
El Señor me estaba pidiendo algo muy muy grande y de alguna manera me decía: “Nade, sí, eso es lo que quiero para ti… quiero que te compliques la vida por Amor”…  Repito: ¿de verdad puede uno alegrarse cuando le complican la vida de esa manera?
La respuesta una vez más la encontramos en el Evangelio. Si avanzamos un poco en el texto, encontramos el momento en que el Ángel le dice a María: “nada es imposible para Dios”. Y es verdad…  En mi caso, fue el fortalecimiento de la relación personal e íntima con el Señor  lo que me fue dando la paz (y las respuestas) progresivamente.  La oración personal, el discernimiento acompañado, la vida en la comunidad y la misión con mis chavales en la parroquia sirvieron de instrumentos para que el Señor fuera eliminando los miedos y aumentando la certeza de que era aquí, en el Tchad, donde me quería. No fue un camino fácil, ciertamente, pero sí un camino muy bonito: de aprender a confiar en el Señor, de descubrir que a veces Él ha preparado para nosotros caminos que ni habíamos imaginado recorrer, de comprender que son esos caminos los que dan pleno sentido a nuestra vida. De dejar que Dios se haga presente en este mundo a través de mi vida…
Eso es lo que nos enseña el texto de hoy: el “sí” de María fue la clave para que Dios pudiera encarnarse. Ciertamente, a veces parece que Dios nos pide cosas imposibles… pero, si escuchamos atentos y le dejamos hacer en nosotros… entonces los miedos desaparecen y  descubrimos que es ahí donde tenemos que estar, que es ahí donde queremos estar… Entonces, sólo queda un sentimiento: la Alegría.
¿Por qué tengo miedo, si nada es imposible para ti?

¡Feliz Adviento!
Nade

jueves, 5 de diciembre de 2013

BODA DE ELENA Y MANU

El próximo sábado día 7, a las 11:30 h. en la Parroquia del “Milagro de San José”, nuestra compañera de Comunidad, Elena, y Manu, se casan. Desde la CVX en Salamanca os deseamos lo mejor. Que seáis felices y que el Señor os siga bendiciendo como hasta ahora, haciendo de vuestra vida un MAG+S




BENDICIÓN IRLANDESA

Que los caminos se abran a vuestro encuentro,
que el sol brille sobre vuestro rostro,
que la lluvia caiga suave sobre vuestros campos,
que el viento sople siempre a vuestra espalda.
Que guardéis en vuestro corazón, con gratitud,
el recuerdo precioso de las cosas buenas de la vida.
Que todo Don de Dios crezca en vosotros
y os ayude a llevar la alegría a los corazones de cuantos amáis.
Que vuestros ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios os mantenga firmes,
que los ojos de Dios os miren,
que los oídos de Dios os oigan
que la Palabra de Dios os hable,
que la mano de Dios os proteja,
y que Dios os tenga, y nos tenga a todos,
en la palma de su mano.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

VELAD, ESPERAD… ESTAD PREPARADOS

Nuestra compañera de comunidad, Nade, nos envía desde Chad, donde está con el Servicio Jesuita a Refugiados, este comentario al evangelio del primer domingo de Adviento (Mt. 24, 37-44).

Señoras y Señores: ¡Hoy empieza el Adviento! He de reconocer que me ha costado un poco darme cuenta porque por aquí escasean las luces por las calles y los villancicos, los belenes gigantes o las oraciones, convivencias y tablones parroquiales que te dan pistas y te preparan un poquito para este tiempo fuerte.
Pero si, también en medio del desierto, donde el dinero del mes no da para comprar árboles de navidad y los cristianos somos una gran minoría… también aquí empieza el Adviento.  Y, aunque me gustan mucho las guirnaldas y las figuritas de los Belenes, lo cierto es que esta “austeridad” en el contexto me obliga a ir al fondo de la cuestión: ¿Qué es realmente esto del Adviento?
Como siempre, es el Evangelio el que me recoloca un poco y me da las respuestas. Durante toda la semana he rumiado y rezado el texto de hoy y, una y otra vez, me quedo anclada en una palabra: Velad. Un verbo que resume la actitud  principal de nuestro corazón en este tiempo (estar atentos) y que a la vez esconde una certeza: el Señor vendrá.
Coincide que en esta época de mi vida, tengo ante mí un ejemplo muy potente de “gente que espera” y que me hace pensar mucho sobre la actitud que Jesús nos propone hoy. Los refugiados de Darfur llevan 10 años en Tchad y, sin embargo, la gran mayoría de ellos se aferra a su deseo de volver a la tierra que aman profundamente. Muchos llevan aquí casi los mismos años aquí que vivieron en Sudán e incluso algunos se han casado y sus hijos han nacido y se han criado aquí…  Sin embargo, la gran mayoría quiere volver a su lugar de origen, esperan el día en el que la paz reine en su pueblo y puedan volver a casa… y, sobretodo, no dejan que nadie les arrebate ese sueño.
Pero, aunque ese deseo parece unánime en todos ellos, mi impresión es que una de las cosas que distingue a unos de otros es el modo en el que –consciente o  inconscientemente- viven este tiempo de espera.
Para algunos de ellos esta estancia en Tchad es simplemente un kit-kat, una pausa en medio de sus vidas, de sus proyectos…. Y, de alguna manera, “sobreviven” aquí en tanto que esperan que llegue la paz y el momento de volver a casa.
Otros, al contrario… siguen construyendo sus vidas aquí con el deseo de ir sentando las bases para el futuro: envían sus niños a la escuela y trabajan para que esta escuela sea la mejor posible. En algunas de las reuniones a las que asisto hablan de la importancia de la escuela y se recuerdan (nos recuerdan) que tenemos que invertir en la Educación, que ese es el único tesoro que se llevarán a su tierra… Que serán los niños, jóvenes y adultos educados y formados quienes puedan construir la paz en un pueblo que añoran desde hace tanto tiempo. Es decir, sueñan con el futuro pero se implican activamente en la construcción del presente que les llevará hasta allí.
De alguna manera siento que esa es una diferencia que puede también aplicarse a los cristianos (incluso los que nos decimos “comprometidos”) durante este tiempo de Adviento. Algunos esperan la Navidad y creen firmemente que el Señor viene para quedarse con nosotros; pero el Adviento es simplemente el tiempo que falta para que eso pase, no les cambia en nada… Otros viven intensamente estos días, preparan su corazón con mimo y cuidado para recibir al Señor a mesa puesta… (y otros, quizás, nos movemos un poco “entre pinto y valdemoro”).  Pero Jesús nos habla hoy “alto y claro” y nos propone una vez más la hoja de ruta: mirar al futuro pero viviendo el presente…  Nos invita a esperar activamente, a estar preparados (o, como diría San Ignacio de Loyola, “hacer todo como si dependiera de mi, pero sabiendo que al final todo depende del Señor”).
Así que, sea cual sea el telón de fondo de mi Adviento este año, yo me siento invitada una vez más a no darlo por todo por sentado, a no apoltronarme en el sofá y simplemente “esperar que llegue”. Hoy Jesús me invita a escrudiñar la realidad para encontrar en ella las pistas que me hablan de su Reino… a limpiar las telarañas de mi corazón para hacer mucho, muchísimo hueco… porque el Amor llega, y llega en abundancia… y recibirlo no es algo que se improvise… ¿A qué te invita a ti? ¡Feliz Adviento!

martes, 3 de diciembre de 2013

SAN FRANCISCO JAVIER


Celebraremos la fiesta de San Francisco Javier uniéndonos a la misa de las 20:00 h. en la Parroquia del Milagro de San José (Jesuitas - Salamanca)

lunes, 2 de diciembre de 2013