lunes, 16 de diciembre de 2013

ADVIENTO

No hay nada más bonito y sobrecogedor que la felicidad que genera un recién nacido en una familia. Durante las semanas previas se quiere tener todo preparado, la habitación, la ropita, la cuna… y el deseo de que al fin nazca va marcando todos los minutos. En ese tiempo te vas haciendo consciente de que tu vida va a cambiar radicalmente porque ya no vas a mirar sólo por tus ojos, vas a ver también por los ojos de ese niño que cuando te mire te va a devolver esa mirada inocente, llena de bondad, esa mirada dispuesta a descubrir y maravillarse con la creación.
Para mí eso es el adviento. Es el ir adecuando mi corazón, limpiándolo, sacando los trastos viejos o inservibles,  haciendo de él un hogar para que el Niño more. Pero sobre todo es desear que lo trasforme todo en nuevo para que reaprenda a mirarle y mirar a su creación con su mirada inocente y bondadosa, que ilumina y pacifica.
Esto te lleva a querer hacer felices a todos lo que te rodean (tu familia, amigos, compañeros de trabajo) y vivir con verdadera alegría la Navidad. Pero, sobre todo,  dejarte afectar por Él y por toda la realidad que nos rodea y seguir buscando que caminos son los que nos llevan a Él y a Belén para adorarle.

Leticia Hermida, CVX en A Coruña

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