lunes, 31 de agosto de 2015

LA TEORÍA DEL TODO


Lejos de todo lo escrito sobre esta película, lo que aquí se narra es la historia de una mujer y un hombre que tuvieron que luchar con una discapacidad física provocada por una enfermedad. Lo que hace de esta historia algo especial es que está basada en una novela autobiográfica y que el personaje en cuestión es Jane Hawking, la que fue esposa del famoso astrofísico Stephen Hawking. Al comienzo de la cinta se nos presenta a un joven Stephen estudiante en Cambridge, con cara de despistado, pero con una capacidad sobrehumana para comprender la física y el universo. Jane y él se conocen y comienzan una relación. Pero una enfermedad degenerativa y mortal, con una esperanza de vida de dos años, se hace con él. Lo que veremos a continuación será una lucha de superación donde los dos protagonistas se van amando y desgastando con el paso del tiempo y conforme la enfermedad va tomando fuerza. Lo que comenzó con una esperanza de vida de dos años acaba alargándose en el tiempo y provoca que los personajes, reales por otra parte, vayan también orientando sus expectativas y separándose cada vez más, al tiempo que el genio va creciendo y haciéndose un lugar en la historia de los hombres más inteligentes de la historia.

¿Por qué ver La Teoría del Todo
Porque estaremos contemplando una historia de amor y superación bien narrada, con un desenlace esperado pero muy bien trabajado, lleno de paz, de cariño y de comprensión de una historia vivida en común.
Porque la interpretación de Redmaine es magistral. Veremos a un personaje crecer, y cómo la enfermedad va haciendo mella en su cuerpo. Veremos cómo va evolucionando de una timidez enfermiza, a un sentido del humor apacible y sereno, y también su desarrollo intelectual, poniendo en juego sus propias opiniones, cuestionándolas y dándoles un nuevo sentido.
Porque podemos situarnos en el ambiente intelectual de la época, en los años 50, en su ambiente universitario, en las clases magistrales, en los grupos de investigación… y siempre es bueno ver cómo se hacían las cosas en otros tiempos, por si hay algo que rescatar del baúl del olvido.
Porque una de las cuestiones mejor tratadas de la película es la de la fe. Por una parte la de Jane, una creyente practicante que no duda por un momento de la existencia de Dios, y por otra la de Stephen, cuya increencia es más bien el presupuesto de partida de su investigación, pero que no lo hace de una manera obsesiva, sino interiorizada, meditada. El tener creencias diferentes no nos tiene por qué separar, incluso nos puede unir.


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