lunes, 22 de abril de 2013

EL AÑO DE LA FE Y LA CVX


En la Asamblea de CVX en Salamanca de inicio de curso, en el mes de octubre, nos marcamos dos referencias para el mismo: la celebración del “Año de la Fe”; y la Asamblea Mundial de CVX en el Líbano en el mes de Agosto, cuyo lema es: “Desde nuestras raíces hacia las fronteras”. Las dos están estrechamente relacionadas, nos unen más estrechamente al Señor  y nos refuerzan nuestro sentir con la Iglesia.
El primero, el Año de la Fe, nos vincula con la apertura  del Concilio Vaticano II hace 50 años, siendo considerado por el Beato Juan Pablo II “como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX […] ofreciendo una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (PF 5). El año de la Fe se nos presenta como una consecuencia y exigencia postconciliar.
La celebración del Año de la Fe para CVX en Salamanca supone un doble camino: uno hacia el interior y otro hacia el exterior. Hacia el interior supone una reflexión personal y comunitaria del documento “Porta Fidei” en nuestros grupos de vida. Esto nos supone una toma de conciencia de nuestro pecado “El Año de la Fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor,  al único Salvador del mundo” (PF 6).
Nuestro pecado lo ponemos en estrecha relación con los tres pilares de llamada al seguimiento de Nuestro Señor: con la vocación a la que hemos sido llamados como laicos, con nuestra vida comunitaria, y con la puesta en práctica de la misión a la que hemos sido enviados por nuestro Señor por medio de la Iglesia. Nos ha ayudado a ello las meditaciones y oraciones de la 1ª Semana de los Ejercicios Espirituales [EE.EE. 62], donde San Ignacio nos invita a ser conscientes de nuestro pecado, a arrepentirnos y hacer propósito de enmienda.
Sintiéndonos pecadores, también nos sentimos perdonados y salvados por Nuestro Señor Jesucristo, por su profundo amor hacia la humanidad, manifestado en la Encarnación de su Hijo (PF 13). De esta experiencia brota nuestra fe renovada, que nos impulsa a dar testimonio de la fe en Cristo en todos los ambientes en los que nos movemos como laicos: familiar, laboral y eclesial.
De ahí nuestra humilde aportación a la celebración del “Año de la Fe” en Salamanca, ofreciendo tres experiencias que ayuden a los creyentes a profundizar en su fe, y a los no creyentes a dejarse tocar por la misma. Nos planteamos tres encuentros uno relacionado con la “Música y espiritualidad”; otro con la “Literatura y la espiritualidad”; y un tercero del “Arte y la espiritualidad”. La primera de estas experiencias tendrá lugar el sábado 2 de marzo, y los demás se sucederán a lo largo del curso.
Pretendemos con ellas acercar y profundizar en la experiencia de fe a todas aquellas personas con diversas inquietudes, y aprovechar los dones que nos ha dado el Señor, en este caso a través de tres ámbitos relacionados con la cultura, y ponerlos al servicio de nuestro Señor, dando testimonio de aquello que hemos recibido gratuitamente.
También queremos renovar nuestra fe y compartirla con la toda la Iglesia por medio de la celebración del 450 aniversario de las Congregaciones Marianas. Éstas son comunidades laicales de espiritualidad ignaciana, de las que la CVX es su continuidad en la actualidad, tras pasar estas por la transformación del Espíritu Santo que supuso el Concilio Vaticano II.
Pero mirar al pasado para poder vivir y transmitir la fe en las fronteras de nuestro mundo actual, como nos pide nuestra Asamblea Mundial en el Líbano. Un mundo donde el testimonio de la fe ha pasado a un segundo plano: “Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado” (PF 2).
En este contexto la CVX en Salamanca desea participar en este proceso de renovación de la fe que nos propone la Iglesia “a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes… confesando la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza” (PF 9).


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