miércoles, 15 de febrero de 2012

EL FUTURO ES DE LOS POETAS

Así iniciábamos el trabajo del sábado el pasado fin de semana en el encuentro nacional de  los equipos de Migraciones y Misión Joven de CVX, en Madrid. José Laguna, en una inspiradora charla nos invitó a ser samaritanos que miran al mundo (a nuestros jóvenes, a nuestros migrantes, a nuestros hermanos) con otras gafas para poder hacernos cargo del dolor de los otros. Y a soñar (o, como dirían los psicolingüistas, a crear conciencia a través del lenguaje), a crear discursos proféticos, a creernos que la llegada del Reino es posible. Pues, retomo sus palabras, “la realidad que no se pronuncia (y no se anuncia) no llegará a producirse”. José Laguna nos invitaba a seguir construyendo un Reino en el que el amor se traduce en compasión, aunque esa compasión implique mancharnos las manos vendando las heridas del otro; un amor que se traduce en la capacidad para repensar la realidad desde los últimos (montarles en nuestra cabalgadura y dejar que sean sus necesidades las que nos dirijan). Un amor que se alimenta en posadas, en estructuras que permitan, en última instancia, “enseñar a pescar” (Ver cuaderno 172 de Cristianisme i Justícia).
Algunas ideas que siguieron resonando fuerte en la oración personal y el plenario que la acompañó. En él se formularon algunas llamadas concretas: a mirar profundamente cuál es el sufrimiento de los otros, a compadecernos como el samaritano, a instaurar una pedagogía de  la ternura y la sensibilidad pero, también, a dar razón de nuestra esperanza como comunidad.
Con esta inspiradora mañana, nos embarcamos en un trabajo por equipos muy intenso, en el que las horas parecían no dar de sí. Los grupos revisamos el trabajo que se está haciendo en las comunidades y planificamos el futuro. En concreto, los del Equipo Misión Joven retomamos el espíritu MAG+S y soñamos con un futuro en el que seguir acercando a los jóvenes la experiencia de Dios, ofreciendo nuestra espiritualidad como herramienta. Un futuro que se perfila apasionante pero que nos desafía a repensar cómo afrontarlo como comunidad que trabaja con otros.
Para el grupo de migraciones la charla de la mañana fue un marco perfecto en el que situarnos para abordar el encuentro en el área de migraciones. La tarde del sábado Cristina Manzanedo de Pueblos Unidos  nos acercó a la realidad de los Centros de internamiento de extranjeros. Este acercamiento nos sirvió también para evaluar los dos proyectos en los que estamos implicados como Comunidad: un proyecto en Tanger y colaboración en la Campaña de los  CIES. Asumir estos proyectos suponen el  deseo de estar donde otros no están, de llegar donde otros no llegan, de apostar por los últimos y por los más vulnerables.
En el encuentro nos hemos hecho más sensibles a la realidad de los que más sufren, nos ha cuestionado las respuestas que algunos miembros de la comunidad están realizando. Nos ha hecho preguntarnos cuales tienen que ser los medios para llevar a cabo esta misión, para acompañarnos mejor en esta tarea que estamos comenzando a abordar como comunidad nacional y como tenemos que apoyar e implicarnos en estas dos misiones desde las distintas comunidades locales.
Tras la eucaristía, y como la noche es noche y el encuentro provoca encuentro, al finalizar el día pudimos saborear algunos productos regionales y disfrutar de los “famosos” bailes de Eduardo (CVX Galilea, de Madrid).
La evaluación de encuentro fue muy positiva: muchos coincidieron en valorar la presencia de ambos equipos como algo muy positivo. De este modo hemos podido no sólo compartir experiencias y propuestas, sino también conformarnos aún más como cuerpo apostólico, algo que nos ayuda a acompañar mejor a los otros. Se agradeció también el trabajo en el encuentro y las nuevas incorporaciones a los equipos coordinadores (tanto en Migraciones como en Misión Joven).
Al final, Mayte, Andrés, Jesús y yo cogimos (por los pelos) el autobús de vuelta… Estábamos cansados pero no paramos de hablar en todo el camino. Creo no equivocarme cuando digo que eso fue fruto del deseo de poder trasladar a la comunidad local todo lo compartido y lo vivido.
Yo, novata aún en estas lides de la CVX (o, lo que es lo mismo, aún en proceso de discernimiento) me siento agradecida al Señor por permitirme encontrar un grupo de personas tan llenas de Dios, con experiencias vitales y espirituales tan profundas y que traducen en hechos el  principio y fundamento de San Ignacio. Un grupo de personas que me sigue acercando a Cristo cada día en su hacer y vivir en comunidad. En definitiva, un grupo de poetas que siguen creando futuro.

Nadezhna, CVX en Salamanca

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