lunes, 22 de noviembre de 2010

EXPERIENCIA SJR EN VENEZUELA

"La experiencia de Ejercicios completos vivida en tres veranos consecutivos y la colaboración en los últimos años como voluntaria en Entreculturas, (enviada por la CVX en Salamanca), fue creando en mi el deseo de acercarme a la realidad de la pobreza y esa confluencia es lo que me empujó a participar este verano, en la Experiencia Sur de Entreculturas. La “Experiencia sur” es una propuesta formativa, en la que te dan la oportunidad de pasar un mes cooperando y conociendo alguno de los proyectos del Sur donde desarrollan su labor alguna de las contrapartes de Entreculturas.
En mi caso el lugar de destino fue Venezuela, y más en concreto, una zona rural cercana a la frontera con Colombia en la que trabaja el Servicio Jesuita para los Refugiados (SJR).
En esta experiencia dos personas procedentes de España nos unimos a un grupo de voluntarios de la Universidad de los jesuitas de Caracas, a los que tras un periodo de formación envían a colaborar con el SJR.
Aterrizamos en Caracas un 28 de julio, y comenzamos con un retiro en el que conocimos un poco más el espíritu del Servicio Jesuita para los Refugiados y el lema que inspira el trabajo que desarrollan: ACOMPAÑAR, SERVIR Y DEFENDER.
El 1 de agosto junto con otros 5 estudiantes venezolanos llegué en EL Nula. Una localidad a unos 30 kilómetros de la frontera con Colombia. Un lugar con la complejidad que tienen todos los lugares fronterizos. Por un lado el paisaje espectacular de los Llanos venezolanos. Y por otro el conflicto colombiano trasladado a esta parte, pues los mismos grupos armados que operan en Colombia, han cruzado la frontera y están presentes en la parte venezolana, por lo que toda la zona está marcada por la violencia. A esto se une, la dificultad en las comunicaciones, la escasez de servicios básicos, el contrabando, tan habitual en las zonas fronterizas…
A este entorno es al que, a lo largo de los años, han ido llegando cientos de personas y familias, procedentes de Colombia tras sentir que su vida estaba en peligro, bien porque han matado a algún familiar o vecino o han sido amenazados por algunos de los grupos armados que actúan en Colombia.
Llegamos y nos instalamos en la parroquia de los jesuitas de El Nula. La parroquia junto con el Servició Jesuita para los Refugiados, están realizando una labor impresionante en este entorno, pues están intentando a través de distintas organismos como la radio comunitaria de fe y alegría, la oficina de Justicia y Paz, la Defensoría del Niño, fortalecer la defensa de los derechos humanos y crear una cultura de paz en la zona.
La oportunidad de pasar este mes en El Nula, compartiendo y colaborando con la labor del SJR y del resto de instituciones de la parroquia, la viví desde el primer día como un gran regalo. Y sentí en todo momento un gran agradecimiento por tanto bien recibido, por todo lo que he aprendido de todas las personas que han compartido este tiempo conmigo: los miembros de la Compañía de Jesús, los trabajadores del Servicio jesuita para los Refugiados, y del resto de organismos de la parroquia, los voluntarios, los mismos refugiados.
La labor del Servicio encarna perfectamente el lema que creó Arrupe hace 30 años de ACOMPAÑAR, SERVIR Y DEFENDER.
Del trabajo tan extraordinario que realiza el SJR fui aprendiendo cada día una manera distinta de hacer y sobre todo de “Acompañar” a otros. Un acompañamiento desde la humildad, el cariño, el respeto, la cercanía. Una manera muy especial de ser y de estar con los refugiados que surge de una espiritualidad profunda, con un estilo particular. En esa labor de acompañamiento, los miembros del SJR recorren los caminos visitando refugiados que están dispersos en las distintas comunidades rurales, por lo que es habitual tener que hacer 2 ó 3 horas en coche atravesando caminos de tierra, para ir a visitar a algunas familias de solicitantes de refugio.
Estar acompañando a los solicitantes de refugio es estar cercano y vivir con ellos la situación complicada en la que viven. Llegan al país y es habitual que pasen bastantes meses hasta que consiguen un primer documento en el que se les reconoce como solicitantes. Y normalmente pasan unos cuantos años hasta que contestan sus solicitudes. En ese tiempo no pueden moverse de la zona, no pueden tener propiedades, ni negocios a su nombre, pueden estudiar pero no tienen acceso a títulos oficiales…. Todo esto provoca que algunos renuncien al proceso de ser reconocido como refugiado, sin embargo la mayoría lo viven con una gran paciencia y sin dramatizar su situación. Situaciones realmente duras y difíciles en muchos casos. Pero lo que trasmiten en general es agradecimiento por las visitas y paciencia y acogida.
El SJR se encarga de acompañarles a su llegada al país, asesorándoles con los trámites legales, esta pendientes de la escolarización de los niños, realiza con ellos talleres de formación, les ofrecen microcréditos para pequeños negocios, intentan fortalecer las comunidades rurales con formación en derechos humanos…
Una labor impresionante con muy pocos medios, pero sin desesperar, ni dramatizar.
Aprendí una eficacia que no es la nuestra, que no consiste en hacer muchas cosas, ni siquiera en tener buenos resultados en lo que hacemos, si no simplemente estar al lado, de los que tenemos que estar, de la manera que debemos estar".

Mayte, CVX en Salamanca

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