lunes, 17 de mayo de 2010

ME PREGUNTO SI TE PREGUNTAS…


Alguien dijo una vez que las preguntas tienen una fuerza que no encontramos en las respuestas. A nada que nos paremos, podemos comprender que esta afirmación tiene mucho de cierto; que sólo mientras nos preguntamos algo, late en nosotros una fuerza, un interés que se apaga en cuanto se sacia nuestra curiosidad. Preguntarse en la vida es lo que nos mantiene en búsqueda… ¿Cómo son nuestras preguntas?
En primer lugar, no todas las preguntas son iguales. Si estas leyendo esto, es que te manejas bien por Internet. Comprenderás entonces que te hable de las wiki-preguntas…
A veces nos surge una pregunta, algo nos interroga, queremos saber… y nos basta con una búsqueda rápida para satisfacer esa pregunta. Pocas curiosidades aguantan en nuestra mente más de un rato, en seguida son satisfechas con mucha más información de la que podemos asimilar.
Este tipo de cuestiones, las wiki-preguntas, tienen un peligro: y es que a costa de ser respondidas en cuestión de segundos, acostumbran a nuestros deseos a moverse a esas velocidades. Este año me pasó algo curioso que conecto con esto: los Reyes me regalaron una flauta celta. Aquello me hizo mucha ilusión y el mismo día de Reyes, antes de acostarme busqué por Internet, me pregunté ¿cómo puedo aprender a tocar un irish whistle? Ese día ya tenía a mi disposición 15 métodos distintos para aprender a tocar… Ahí estaba la trampa: el deseo de aprender a tocar no había permanecido en mí ni 5 minutos antes de ser satisfecho. No había ahondado en el deseo, no me dio tiempo… por eso, me costó tanto mantenerme fiel una vez que había empezado y aquello sonaba a rayos. Me aburría y no me acordaba de por qué narices había empezado con aquello.
Esta anécdota nos sirve para situarnos ante otro tipo de preguntas, las importantes, las que no pueden ser respondidas con un clic. Son preguntas que operan a un ritmo distinto y tienen que ver con el núcleo escondido de las personas y de la vida.
¿Qué quiero hacer con mi vida?, ¿Por qué hay algo que siempre muerde por dentro diciendo que podría entregarme más y mejor?, ¿En qué cambia mi vida si existe ese Dios que se entrega en el mismo don en que se esconde?
Esas preguntas son difíciles de formular. A veces quedan ahí, en un rincón de nuestra vida, pero mientras permanecen vivas son como unas brasas que se vuelven a encender cada vez que la vida las sopla. Esas preguntas nos hacen humanos y son tan importantes como el aire que respiramos… a veces también igual de olvidadas.
Por eso no podemos acabar de otra forma más que preguntándonos: ¿siento vivas en mí las preguntas radicales? Creo que si lees esto es porque buscas… ¿Cuáles son las tuyas?


Carlos Gómez-Virseda, sj

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