sábado, 11 de abril de 2009

SÁBADO SANTO


En la tierra nueva las casas no tienen llaves ni los muros rompen el mundo. Nadie está solo. No se habla mucho del amor, pero se ama con los ojos, las manos, y las entrañas. Las lágrimas son fértiles, la tristeza se ha ido para no regresar, y se ha llevado con ella la pesada carga del odio y los rencores, la violencia y el orgullo.
Es extraña la puerta que abre esa tierra: es la sangre derramada de quien se da sin límite, es la paciencia infinita de quien espera en la noche, es la pasión desmedida de un Dios entregado por sus hijos; nosotros, elegidos para habitar esa tierra nueva.


José M. R. Olaizola sj

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