lunes, 15 de septiembre de 2008

BIENAVENTURADA, MARÍA


Bienaventurada eres, María,
porque fuiste "pobre de Yahvé", amadora de los pobre y de los menesterosos.
Bienaventurada,
porque, en premio a tu pobreza, eres Reina de reyes en el reino de los cielos.
Bienaventurada,
porque en premio a tu mansedumbre, posees la tierra de los corazones y la celeste tierra de promisión.
Bienaventurada eres, María, Madre del "Varón de dolores",
porque de tu pecho salieron suspiros y de tus ojos lágrimas.
Bienaventurada, porque, en premio de tus penas,
en la tierra y en el cielo tuviste a Dios por consolador.
Bienaventurada eres, María,
porque tuviste hambre y sed de justicia, hambre y sed de santidad, de verdad y de amor.
Bienaventurada,
porque, en galardón de ese hambre y esa sed, has quedado en el cielo saciada de gloria y de luz.
Bienaventurada eres, María,
porque tus ojos son misericordiosos en el mirar y tu boca misericordiosa en interceder.
Bienaventurada,
porque alcanzaste ya en la tierra misericordia y en el cielo tienes entrañas de misericordia para el pecador.
Bienaventurada eres, María,
porque fuiste pacífica, iris de paz entre los hombres y Dios.
Bienaventurada,
porque quieres la paz entre los hombres, y eres hija y colaboradora del Dios de la paz y el amor.
Bienaventurada eres, María,
porque en el Calvario fuiste partícipe de la persecución de Cristo y porque compartiste las zozobras y lucha de la naciente Iglesia.
Bienaventurada, porque, por el camino de la cruz,
llegaste a los esplendores de tu trono de gloria.

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