lunes, 29 de agosto de 2016

PERDONAR LAS OFENDAS


Es curioso cómo algunas acciones nos llaman poderosamente la atención. Poseen como "un no sé qué" que las convierte en hermosas, sobre todo, cuando resplandecen en medio de la dificultad. La película "La vida es bella", por ejemplo, nos lo muestra bien: vivir desde el corazón puede superar el horror que la acecha. Y también Jesús, cuando en la cruz abre la puerta a la grandeza de un perdón que parecía humanamente imposible, pero que Él hizo posible. Ése es el perdón al que Jesús nos llama, el que resplandece en medio de la dificultad.
El perdón siempre cuesta, aunque unas veces más que otras. Cuando me hieren y el otro es consciente, la situación es clara y la reconciliación podrá depender del dolor que sienta.
Pero cuando la otra persona no lo es, o su simple manera de actuar produce dolor en mí  el perdón se complica. Sin embargo, como vemos, belleza y dificultad están llamadas a entenderse.
Perdonar comparte frontera con verbos como aceptar, integrar y amar sin condiciones. Y esto cuesta puesto que las resistencias a perdonar vienen a veces de no aceptar a las otras personas como son, de juzgarlas y exigirles según nuestros propios esquemas.
Pero éste no es el estilo de Jesús. Él mira con cariño cuando se encuentra con alguien, antes incluso de conocer su historia; se conmueve al descubrir la fragilidad del corazón y dice sin  reservas vete y no peques más.
¿Es posible esta manera de mirar, sentir y actuar? El joven rico se volvió entristecido y no accedió a lo que Jesús le invitaba. ¿Por eso Jesús dejó de quererle? ¿O a lo mejor, por eso, aumentaría su amor hacia él? Pero, ¿se puede querer por compasión? ¿O la clave será querer con compasión?
Quizás en lugar de girarnos tras las heridas e intentar olvidarnos, perdonar al modo de Jesús pida girarnos hacia ellas y cambiar la mirada justiciera por la gratuidad del que ama y acepta.
Fuente: Pastoralsj

domingo, 28 de agosto de 2016

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: “Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: ‘Cédele el puesto a éste’. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Y dijo al que lo habla invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”.
Lc. 14, 1.7-14

lunes, 22 de agosto de 2016

CORREGIR AL QUE YERRA


Se pueden cometer muchos tipos de errores. Y se puede corregir también de muchas maneras. A todos nos suena la cita de Mateo que habla de la corrección fraterna, y que comienza: “Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas."
Leo la cita despacio, recuerdo momentos de mi vida en los cuáles corregí o me han corregido, me detengo en tantos ejemplos, y me pregunto cómo quiere Dios que yo corrija a otro. Es más, pienso si Dios hablaría de error o de pecado como yo lo hago. Puede que simplemente Él fuese en ocasiones más benévolo que yo y que sea entonces su espíritu quien pueda ayudarme a buscar luz en este tema, quien me anima a no usar el boli rojo para llenar de tachones el folio del otro.
Repréndelo a solas, dice, porque corregir es un acto de intimidad, de humildad, de confianza, de ayuda sincera. Y se da el encuentro profundo y verdadero al poner el centro en el otro más que en uno mismo; al quererle bien, al ponerme en su lugar. Hasta aquí, no parece del todo fácil.
La cita continúa: "Si te hace caso, has salvado a tu hermano."
Y es que corregir tiene ese poder, el de salvar. Pero no de cualquier forma. La cuestión no es si el hermano hace caso, creo yo. Sino si yo soy capaz de acercarme al otro y practicar esa manera de mirar de Dios, si consigo distanciarme de ese modo que tiene de hablar mi propio ego, si logro no cuestionar desde mi enfado sino desde la bendición al otro.
¿Desde dónde? y ¿para qué?, dicen algunos. No para sentirnos salvadores últimos de la gente que nos rodea, no para creernos superiores a nadie; al contrario, para sentirnos más hermanos, y para sostenernos unos a otros desde lo más débil de cada uno.
Fuente: Pastoralsj

domingo, 21 de agosto de 2016

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?”. Jesús les dijo: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’; y él os replicará: ‘No sé quiénes sois’. Entonces comenzaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él os replicará: ‘No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados’. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, lsaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos”.
Lc. 13, 22-30

martes, 16 de agosto de 2016

DAR CONSEJO A QUIEN LO NECESITA


Durante mucho, mucho tiempo, sumidos en refranes tan castellanos como cobardes, hemos esgrimido ese "los consejos no se dan, se piden", en un intento, tal vez, de huir de la gente moralista que tiene suficientes palabras vacías para aquellos momentos en los que el silencio debería reinar. O también para proclamarnos algo Pilatos ante la indecisión ajena. Que bastante tenemos cada uno con lo nuestro. Que bastante difícil nos resulta ya decidir a nosotros. Que qué se yo.
Sin embargo, a lo largo del mismo tiempo, me he dado cuenta que, cuando alguien te pide consejo, es porque no sabe bien qué hacer. Y la indecisión es la manera más cruel que tiene la vida de decirnos que estamos solos. Entonces, en medio de ese ferviente individualismo en que cada día nos regodeamos, necesitamos tanto del otro... Y a la vez ese sentirte tan necesitado te obliga a romper el aislamiento y ser más uno mismo con ayuda de los demás.
Si nos piden consejo ayudaremos, pero no diciendo lo que nosotros, en nuestra situación, haríamos. Sino, lo que nosotros, en la piel del otro haríamos. Porque todos y cada uno somos distintos pero todos somos personas. Y en la ayuda hay humanidad. En el consejo hay amor, ternura. Hay mucho de lo que todos necesitamos.
El consejo es la cordura que solicitas a otro cuando la indecisión obsesiva ahoga. Es el resplandor en medio de la tiniebla y la visión las noches cerradas. Es la preocupación del otro por aquello que no abrasa directamente su piel cuando tú tienes quemaduras de tercer grado. El consejo es eso que nos hace salir de nosotros mismos para con los demás.Nos hace más humanos, más dignos, más sensibles. Más de Dios. 
Fuente: Pastoralsj

lunes, 15 de agosto de 2016

ASUNCIÓN DE MARÍA


Dios te salve María Sagrada,
María Señora de nuestro camino.
Llena eres de gracia, llamada entre todas
para ser la Madre de Dios.
El Señor es contigo y tu eres la sierva
dispuesta a cumplir su misión.
Y bendita tú eres, dichosa te llaman
a ti, la escogida de Dios.
Y bendito es el fruto que crece en tu vientre
el Mesías del Pueblo de Dios
al que tanto esperamos que nazca
y que sea nuestro Rey.
María, he mirado hacia el cielo
pensando entre nubes tu rostro encontrar
y al fin te encontré en un establo
entregando la vida a Jesús Salvador.
María he querido sentirte
entre tantos milagros que cuentan de ti
y al fin te encontré en mi camino
en la misma vereda que yo.
Tenías tu cuerpo cansado
un niño en los brazos durmiendo en tu paz.
María, mujer que regalas la vida sin fin.
Tú eres Santa María, eres nuestra Señora
porque haces tan nuestro al Señor.
Eres Madre de Dios, eres mi tierna madre
y madre de la humanidad.
Te pedimos que ruegues por todos nosotros
heridos por tanto pecar,
desde hoy y hasta el día final
de este peregrinar.
María, he buscado tu imagen serena
vestida entre mantos de luz,
y al fin te encontré dolorosa
llorando de pena a los pies de una cruz.
María he querido sentirte...
Dios te salve, María Sagrada,
María, Señora de nuestro camino.
M. J. Bravo & Cristobal Fones sj

domingo, 14 de agosto de 2016

XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

Lc. 12, 49-53

jueves, 11 de agosto de 2016

AMIGAS DE DIOS, PROFETAS DEL PUEBLO


En la historia, Dios sigue actuando y revelándose de muchas maneras, pero  especialmente a través de amigos y amigas suyos como las mártires. Estas mujeres se erigen, aunque les cueste la vida, como testimonios incontestables de la reivindicación y la denuncia de los sistemas políticos que dan la espalda a los derechos humanos más básicos. Valga este cuaderno para su reconocimiento y para comprender por qué personas tan aparentemente frágiles llegaron a convertirse en una amenaza para los poderosos de este mundo.


lunes, 8 de agosto de 2016

ENSEÑAR AL QUE NO SABE


Como san Pablo en su Carta a los Corintios, puedo afirmar: "Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño". 
A lo largo de la vida son muchas las enseñanzas que he recibido. Tantas cosas por las que dar gracias:
Doy gracias a todos aquellos que a lo largo de la vida me han enseñado que no somos sin los demás, que tener en cuenta al otro es esencial en la educación.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que me enseñaron que caminar descalzo me conecta a la tierra, me conecta a la vida, me ayuda a reconocer los lugares como sagrados.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que me enseñaron que la vida no es un lugar de competición, sino que es un lugar para compartir lo que somos.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que me enseñaron que dar sin recibir nada a cambio es la mayor respuesta de amor que se puede dar.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que me enseñaron que el cuerpo es templo, es lugar sagrado, y hay que cuidarlo y respetarlo.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que me presentaron a Jesús. Que se convierte en mi pasión, mi amor, mi vida.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que arriesgan, sin miedo, confiando. Son maestros para aquellos que pretendemos tenerlo todo atado, controlado.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que me mostraron que la verdadera amistad brota al tocar el costado del Señor, al tocar la herida, la debilidad, al desprendernos de caretas y mostrarnos tal cual somos, sin miedo.
Doy gracias al Dios de la vida por aquellos que me enseñan que el éxito no se mide por los títulos, el reconocimiento o el dinero, sino por la capacidad de entrega y desprendimiento.
Doy gracias, porque los últimos, los que viven en las periferias, los que la sociedad deja fuera… se convierten en maestros de vida, me enseñaron lo qué es el amor, la gratuidad, la amistad sin reservas. Ellos han sido misericordiosos conmigo, pacientes, y el Señor se hace presente en mi vida a través de ellos.
Ojalá se nos conceda el don de seguir siendo como niños, para estar atentos y poder sorprendernos cuando los que pensamos que no pueden enseñarnos nada son los verdaderos maestros de vida.
Ojalá no vivamos distraídos para, así,  apreciar y agradecer que es el propio Dios el que nos acompaña a lo largo de eta vida como compañero de “Emaús”.
Fuente: Pastoralsj

domingo, 7 de agosto de 2016

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien datos el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”. Pedro le preguntó: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”. El Señor le respondió: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: ‘Mi amo tarda en llegar’, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá”.
Lc. 12, 32-48

jueves, 4 de agosto de 2016

ENTERRAR A LOS MUERTOS


Supongo que habría una época en la que la gente quedaba sin enterrar. Muertos en guerras, en epidemias, o en la pobreza, tal vez eran abandonados de cualquier modo, para ser fruto de la rapacidad de animales o descomponerse a la vista de cualquiera. Quizás aún ocurra en algunos lugares del mundo. Y en esos espacios, probablemente esa delicadeza última de enterrar cuerpo, cenizas o lo que se tercie; ese pudor otorgado al cadáver, como memoria respetuosa con la persona que se ha ido, seguirá siendo, literalmente, la obra de misericordia. Pero, ¿tiene sentido en un mundo más acomodado seguir hablando del entierro como una obra de misericordia, o es tan solo una profesión más, vinculada a las funerarias o subsidiada por el estado de una forma aséptica y mecánica si no hay quien lo haga?
Creo que hay otra forma de entender esto del “entierro”. Tiene que ver con acompañar la muerte. Tiene que ver con ayudar a la gente a despedirse. Tiene que ver con cuidar el duelo. Y con facilitarle a las personas que puedan “dejar marchar” a los seres queridos. La experiencia de la muerte sí que es universal –e inevitable–. Todos pasaremos por ella, y todos acompañamos a personas que tienen que lidiar con la pérdida de un familiar, un amigo… Pérdidas que en ocasiones son dolorosísimas. En ese contexto del entierro, la misericordia se  pone en juego de muchas maneras, pero en todo caso es para ayudar a los vivos a despedirse y para conceder a los que se han ido el descanso digno –abierto a otra vida en función de las creencias de cada cual– .
Misericordia, entonces, es  acompañar a los vivos en la espera, en esos días difíciles de desasosiego y de acostumbrarse a la pérdida. Acompañar cerca o lejos, con la palabra o el silencio –nunca se sabe bien–. Evitarles –si es posible–los tópicos. Es acoger su dolor, sin forzarles a pasar página demasiado rápido. Es lidiar con las incertidumbres. Es dar –si uno los tiene–motivos para la esperanza.  Es cuidar también que las despedidas sean dignas. Honrar la memoria de los que se van sin enzarzarse en discusiones absurdas (porque eso también pasa), y procurarles el tipo de despedida que hubieran querido.
En la película “Despedidas” se advierte la profunda sensibilidad de una forma de despedir a los muertos. También en un libro de ciencia ficción “La voz de los muertos”, de Orson Scott Card, donde se describe un precioso rito funerario consistente en contar la verdad de la vida de las personas, su verdad más profunda, más completa, más humana.  Son dos ejemplos. Pero, al final, cada uno tendremos que saber cómo despedir y honrar la memoria de los que se han ido. De eso se trata.
Fuente: Pastoralsj

lunes, 1 de agosto de 2016

VISITAR A LOS PRESOS


- ¿Visitar a los presos?
- Sí, eso mismo. Una obra de misericordia.
- Pero no será a todos… se referirá a los presos que son conocidos, a los familiares…
- No.
- Entonces… a los inocentes o injustamente encarcelados, ¿no?
- No. Se refiere a los presos. Sin adjetivo ninguno.
- ¡¡¡Pero eso no es lógico!!! ¿Te refieres a los que se han dado cuenta del mal que han hecho, se han arrepentido y quieren cambiar?
- No. Me refiero a los presos, a todos.
- ¡¡¡Pero si no se lo merecen!!! Algo habrán hecho para estar encerrados…
- Por eso hay que visitarlos, porque no se lo merecen…
- Eso es ilógico… No tiene sentido.
- Sí, es ilógico… eso es verdad, pero sí que tiene sentido, aunque no en la lógica en la que te mueves. Precisamente por eso es “misericordia”, porque no atiende a la lógica de los méritos y merecimientos. 
- Entonces… ¿no es visitarlos porque sean inocentes, o porque se hayan arrepentido? 
- No. Es por misericordia, por gratuidad, no por merecerlo o no; es independientemente de si el castigo es justo o no, es independientemente de si su pecado fue muy grande o pequeño, si tiene más motivos para estar entre rejas o menos… Esa no es la lógica de Dios, ni la de la misericordia.
- Pufffff… Yo entiendo que el desnudo, el hambriento, el enfermo… puedan conmover el corazón y provocar una respuesta en su ayuda; pero ante un crimen o un delito ¿no despierta más compasión las víctimas que los verdugos?
- Sí, claro. Pero es que la misericordia también rompe con esa lógica. 
- Creo que te entiendo… Lo dices porque muchos presos, en el fondo, son víctimas de una sociedad y de unas estructuras injustas que parecen no dejar otra salida para algunos marginados que la de delinquir para sobrevivir…
- Sí, lo digo por esos, pero no sólo por ellos. También por aquellos cuyo delito nace del propio egoísmo, de la ira incontrolada, del mal que a veces se instala en los corazones humanos…
- ¡¡¡Uy!!! Yo a esos no los visito… no me sale de dentro.
- Entonces es que esos son los más se “merecen” ser visitados, y ahí radica la verdadera misericordia, la que muchas veces no nace de un corazón conmovido sino del esfuerzo de tener que hacer de “tripas corazón”, pero confiando en una esperanza que no entiende de nuestras lógicas.
- No sé… parece que esto de visitar a los presos rompe con todas las lógicas…
- Sí, con casi todas. Lo que pasa es que el amor tiene un lenguaje propio muy particular, capaz de bendecir a los malditos, de acariciar a los que nadie quiere tocar, y de visitar a quien es separado y confinado para que nadie lo visite… se lo merezca o no.
Fuente: Pastoralsj